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Sede del Primer Circuito de ComStar

Isla de Hilton Head, América del Norte, Tierra

4 de agosto de 3029

La risa de Myndo Waterly resonó por toda la cámara del Primer Circuito. La capiscolesa clavó su mirada en el pequeño capiscol de Sian.

—¿Realmente esperabas que aprobáramos esa transmisión sin oposición, Villius? La solicitud de Justin Xiang debería ser rechazada por la sencilla razón de que intenta enviar un mensaje a alguien que habita en un lugar sometido a Interdicción. —Rechazó la propuesta de Villius con un gesto desdeñoso, como una reina ahuyentaría a un mendigo—. Devolvedle su dinero y decidle que no.

El capiscol le lanzó una mirada asesina y meneó la cabeza con incredulidad.

—Creía que tú serías la última en oponerte a ello, capiscolesa de Dieron. Has leído el texto del mensaje y sabes que Xiang está desbordante de orgullo como resultado de su éxito en el ataque al corazón de la Marca Capelense. Este mensaje no es más que una serie de fanfarronadas por su acción y una insinuación de que la Federación de Soles habrá de afrontar más problemas en el futuro. Debería causar alguna inquietud a Hanse Davion y a Quintus Allard…, algo que debería satisfacerte, o eso pensaba yo.

Myndo contempló los semblantes de los demás capiscoles. Todos están extrañados por mi cambio de actitud. ¿Son unos estúpidos? ¿O están tan acostumbrados a oponérseme que ninguno de mis argumentos les parece lógico?

—Básicamente tienes razón, capiscol de Sian —contestó Myndo—. No obstante, mi deseo de ver en apuros a Hanse Davion no me ciega hasta el punto de no comprender los obvios problemas que presenta esta misiva: va dirigida a una nación sometida a la Interdicción.

—Sabes tan bien como yo que podemos aprobar una excepción —intervino el capiscol de Tharkad. Miró a los demás capiscoles y prosiguió—: De hecho, si no recuerdo mal, sólo necesitamos una mayoría de dos tercios para que el mensaje sea transmitido. Tu argumento sobre la legalidad del verígrafo no es válido.

—Conozco nuestras normas, capiscol de Tharkad, pero agradezco que me las hayas recordado. De todos modos, deseo comentarte que el mensaje fue entregado a nuestro jefe de estación por un agente sujeto a la Interdicción. Alexi Malenkov es un espía de Davion. Él nos entregó el verígrafo a nosotros. Está infectado por manos davionesas y, por tanto, no podemos transmitirlo.

Las arrugas que rodeaban los ojos del Primus se acentuaron.

—No juegues a juegos tan infantiles, capiscolesa de Dieron. El mensaje procede de Xiang.

—Ah, ¿sí? —Myndo devolvió con descaro la severa mirada del Primus—. ¿Qué pasaría si enviara a un niño a una tienda para que comprase vino en mi nombre? ¿Crees que el dependiente lo atendería? ¡No, claro que no! —Se volvió hacia los demás capiscoles—. No hay forma de que sepamos si ese mensaje procede de Xiang o si, en realidad, lo manda Alexi Malenkov a su amo de Nueva Avalon.

—¡Esto es un escándalo! —exclamó el capiscol de Sian, y apeló al Primus—: Honorable Primus, por favor, recuerda a la capiscolesa de Dieron que estamos hablando de la realidad, no de fantasías. Justin Xiang compuso un verígrafo, no un holovídeo ni un mensaje escrito. Habló con mi ayudante por visífono y nuestro servicio de localización verificó la llamada. Le dijo que la enviaba a Alexi Malenkov con un verígrafo.

Antes de que el Primus pudiera satisfacer la petición de Villius Tejh, Myndo tomó la palabra con voz fuerte y clara.

—No bases tu argumentación en mentiras, capiscol de Sian. —Su acusación sorprendió a los demás capiscoles, pero Myndo no les prestó atención—. La transcripción de la conversación, tal como tú nos la has facilitado, demuestra que es falso lo que dices. En la conversación, Xiang dice: «Ya he enviado a Alexi Malenkov con el verígrafo. Llegará dentro de una media hora».

—¿Cuál es la diferencia? —inquirió Huthrin Vandel, ceñudo—. Lo importante es que Xiang dijo a nuestros hombres que Alexi Malenkov llevaba el mensaje en su nombre.

—Esa afirmación lo cambio todo, capiscol de Nueva Avalon. La transcripción indica que la conversación tuvo lugar a las seis y media de la tarde, hora estándar. Eso significa que Malenkov debió haber llegado a nuestra estación a las siete en punto o a las siete quince como máximo. Sin embargo, llegó a las nueve. ¿Qué hizo durante esa hora y tres cuartos?

El Primus escondió las manos en las mangas de su túnica parda.

—Supongo que no insinúas que Alexi Malenkov falsificó un verígrafo, ¿verdad? —dijo. Su expresión de desprecio era un reflejo de su tono de voz.

—No es imposible —respuso Myndo. Pero, en el mismo instante en que lo hubo dicho, comprendió que el Primus la había provocada para que contestara de manera irreflexiva. Se apresuró a fundamentar su afirmación—. Se rumorea que el ICNA ya ha conseguido diseccionar verígrafos y volver a unirlos.

El capiscol de Nueva Avalon lanzó una carcajada.

—Debes perdonarme, pero es absolutamente ridículo. El Instituto de Ciencias de Nueva Avalon no ha desarrollado ese tipo de tecnología en los últimos tiempos. Y, aun si lo hubiera hecho, no cambiaría las cosas. Es imposible que hubieran podido enviar un artefacto tan complicado a uno de sus agentes, especialmente a un «topo» como Alexi Malenkov.

Myndo le lanzó una mirada afilada como una cuchilla.

—No estaba informada de que tuviésemos agentes en el ICNA para confirmar o negar esa aventurada afirmación, capiscol. ¿Pondrías la mano en el fuego sobre su veracidad?

Vandel se irguió cuan alto era.

—Creo, capiscolesa de Dieron, que das una importancia excesiva a todo este asunto —replicó—. Mantengo mi versión porque sé que responde a los hechos. Tú, en cambio, te basas en elucubraciones y cuentos de hadas.

Cuando Myndo se disponía a responder, el Primus alzó una mano.

—Ya conocemos tus opiniones al respecto, capiscolesa de Dieron. Capiscol de Sian, ¿crees que hay alguna posibilidad de que Malenkov pudiera falsificar o manipular el verígrafo de Xiang para transmitir información a la Federación de Soles?

—Falsificar, no. Es imposible falsificar ese mensaje. Al fin y al cabo, es un verígrafo. —El hombrecillo titubeó al reflexionar sobre la segunda parte de la pregunta—. En cuanto a manipularlo, sí es posible. Mis hombres me informaron de que estaba nervioso, pero supusimos que se debía a que es un agente de la Federación. Seamos realistas: si nos hubiésemos negado a aceptar el mensaje porque Malenkov debe lealtad a Davion, podríamos haber acabado con él.

El Primus sonrió jovialmente y la fláccida carne de su rostro se agrupó en racimos de arrugas alrededor de las comisuras de su boca.

—Entonces, la solución es sencilla. Que se duplique el verígrafo y se envíe el duplicado. Si Malenkov lo manipuló, inyectando un tinte químico que reaccione con otra sustancia, nuestro proceso de rastreo y duplicación no lo reconocerá. Capiscolesa de Dieron, un duplicado debería aliviar tus preocupaciones, ¿no?

—¿Por qué? —Myndo, llena de frustración, apretó los puños—. No conocemos el origen de ese mensaje. ¿Y si Malenkov se lo sugirió a Xiang? ¿Y si aconsejó a Xiang sobre las palabras que debía utilizar? ¿Y si redactó un mensaje distinto?

—¿Y si Malenkov localizó al desaparecido general Kerensky y le pidió que le enviara una máquina falsificadora de verígrafos de la antigua Liga Estelar? —añadió con sarcasmo el Primus.

Myndo estaba fuera de sí. ¡Hijo de perra! Los apoyas sólo para humillarme. Muy bien. Esta vez me habéis vencido, pero no volverá a ocurrir.

—Doy mi consentimiento, Primus, y me inclino ante tu superior sabiduría. Tienes razón: este mensaje no puede hacer daño… a menos que, por supuesto, Malenkov hubiera logrado lo imposible. ¿Algo tan imposible como que alguien introdujese armas en nuestra isla durante la boda del año pasado, por ejemplo?

Sus palabras sobre aquel estrepitoso fallo del sistema de seguridad impresionaron a todos los presentes, pero Myndo comprendió que también había animado a quienes se le oponían. No obstante, no permitió que su sensación de derrota se reflejara en su rostro. Recordaré todo esto. Si ha sucedido lo imposible, no cejaré hasta que os haya destruido a todos.