68 Cuando todo parece imposible
ENCONTRAR obstáculos invencibles sobre nuestro camino cuando hacemos proyectos humanos ya es bastante difícil de aceptar. Pero, cuando los proyectos parecen provenir de Dios y deben servir para su gloria, ya no comprendemos el porqué de esos obstáculos. Nos sentimos desamparados o, peor, empezamos a sospechar sutilmente que Dios no concluye lo que inicia y que por eso es preferible abandonarlo todo.
Uno de mis amigos había sido llamado al sacerdocio y, muy generosamente, le había dado su “sí” a Jesús. Poseía grandes cualidades del corazón y una evidente inteligencia. Pero una avalancha de problemas se abalanzó sobre él, a tal punto que su decisión de ser sacerdote pronto le pareció irrealizable. Un muro delante, una barrera a la izquierda, un obstáculo a la derecha... En pocas palabras, todo parecía conjugarse para hacer abortar su vocación. Hasta el director del Seminario lo rechazaba. El empezó entonces a dudar, convenciéndose de que no tenía aptitud para el sacerdocio. Sin embargo, la llamada permanecía bien anidada en su corazón, ineludible.
El conocía a Marthe Robin (no dejéis de leer el hermoso libro sobre ella: “Si el grano de trigo no cae en tierra”, de Daniel Escoulen, Editions DDB. Contiene innumerables anécdotas muy enriquecedoras. Muy hermoso también el libro de Ephraïm: Una o dos cosas que yo sé de ella, Editions des Béatitudes. Traducido y publicado en 1991, P. Basilio Núñez, Librería Parroquial de Clavería, Floresta, 79; 02080, México), quien había confirmado su llamada. Un día fue a visitarla para anunciarle que había renunciado al sacerdocio, porque todo iba en contra de ese propósito (¡salvo su corazón!) y que se encontraba en la imposibilidad total de seguir adelante con ese proyecto.
Marthe, que vivía en gran intimidad con la Santísima Virgen, quien venía a visitarla semanalmente cuando revivía la pasión, le contestó a mi amigo esta frase inolvidable:
—¡Cuando algo se ha vuelto imposible humanamente, es porque entonces le toca a la Santísima Virgen obtenérnoslo!
Hoy en día mi amigo es sacerdote, y he conocido muy pocos sacerdotes tan excelentes como él.
MENSAJE DEL 25 DE JUNIO DE 1995
(XIV aniversario de las apariciones)
“Queridos hijos, me alegra veros hoy tan numerosos, ver que habéis respondido y que habéis venido para vivir mis mensajes. Os invito, hijos, a ser mis alegres portadores de paz en este mundo perturbado.
Orad por la paz, a fin de que pronto reine un tiempo de paz que mi corazón espera con ansia. Estoy a vuestro lado, hijos míos, intercedo ante el Altísimo por cada uno de vosotros y os bendigo con mi bendición maternal.
Gracias por haber respondido a mi llamada.”