Ficción Breve (70)
Silvia Angiola.
En su libro «Atrapa el pez dorado», el cineasta David Lynch cuenta que, al inicio de su carrera, sostuvo una pequeña charla con su padre y con su hermano que casi le rompió el corazón. Le dijeron que tenía que ser responsable, que ya tenía una hija pequeña, que se olvidara del cine y que consiguiera un trabajo. Lynch consiguió ese trabajo y con el dinero que ahorró de su sueldo terminó su primera película, Cabeza Borradora (1977).
En la esencia de todo gran artista reside esa profunda convicción de estar haciendo lo correcto (o, quizás, esa íntima seguridad de que no hay otra cosa que se pueda hacer), que lo lleva a no querer negociar con las demandas bien o malintencionadas de los demás. No se trata de dejarse esclavizar ni de encapricharse con una idea, sino de respetar aquello que se hace por afinidad y reclamar el mismo respeto de quienes nos rodean.
Sin más dilaciones, Axxón, Ciencia Ficción en Bits reivindica nuevamente el relato fantástico con esta septuagésima entrega de Ficciones Breves.