Capítulo

6

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Una hora sintiendo el agua en sus piernas fue suficiente, Ariadna sólo había saludado a sus cuñados que la recibieron muy cariñosos, Bryan de 23 y Collin de 17, rubios y ojos claros jugaban un partido de voleyball, junto con Silvia, Alonso y otros amigos, por lo que al unirse Lucas un momento al juego ella se quedó de espectadora sentada en la orilla de la piscina cerca las gradas dentro de la entrada de la misma, no había quitado su bañador y sólo mojaba sus pies para refrescarse pero de reojo observaba a Alonso y notaba como él entre el juego la miraba también, hubo una especie de química entre ellos y aunque no lo quería reconocer sentía que la intimidaba, era muy insistente, sentía su mirada verde clavarse en ella y rogaba porque Lucas no lo notara. Pensaba en lo que era su trabajo y en cómo decirle a su novio lo que pasaba, miraba a su alrededor a su familia política, feliz y disfrutar la reunión, el asado, los complementos, las bebidas, los postres y todo lo que tenían para servir era de primera, se habían esmerado en la reunión para ellos y sentía que no les podía quedar mal, intentaba distraerse con la música que sonaba musitándola:

 

“it's gonna take a lot to drag me away from you
there's nothing that a hundred men or more could ever do
i bless the rains down in africa
gonna take some time to do the things we never had”

 

“África” de Toto no le ayudaba mucho pues pensaba en su viaje al continente vecino lo que la hacía negar con la cabeza intentando resignarse, alejarse de su entorno y de su gente le asustaba, pensaba en cómo tomarían todos la noticia de su viaje y en si aprobarían aplazar la boda un poco más, estaba asustada y no sabía qué hacer. Perdida en su mente no supo el momento en que Alonso se acercó a ella y la desconcentró trayéndola a tierra.

—Te noto nerviosa, ¿No te sientes a gusto aquí? —estaba parado frente a ella con su cuerpo mojado y al ver el agua recorriendo su pectoral la hizo tensar la mandíbula evitando abrir la boca.

—No, no estoy nerviosa, me da gusto estar aquí —intentó disimular—. Sólo me concentraba en la canción.

—¿Te gusta?

—No está mal, aunque me extraña que sea del gusto de la señora Deborah o de su esposo.

Alonso sonrió, se mordió el labio y bajó la cabeza.

—Es gusto mío —confesó.

Ariadna lo miró levantando una ceja y sonrió.

—Bueno como sabes tengo raíces mexicanas —continuó acercándose más—. Pero escuchar mariachi no es apropiado para una tarde como hoy, así que el encargado del ambiente musical soy yo, no fue fácil ya que Silvia había decidido que JLo fuera la encargada pero llegamos a un acuerdo.

—Igual, yo les agradezco mucho a todos la atención y las molestias que se han tomado.

—No es ninguna molestia, al contrario, a mí me da mucho gusto.

Se miraron fijamente por un momento, Ariadna no entendía porque se mostraba tímida ante él.

—Ven, vamos al agua, no has disfrutado la alberca —insistió él extendiendo su mano a ella—. Como ya viste está deliciosa, disfruta un momento.

Ariadna no sabía qué hacer pero aceptó la invitación.

—Está bien —sonrió y se levantó, él también sonrió complacido.

Al momento sonó “If you had my Love” de JLo y entonces Ariadna entendió el acuerdo. La música la hizo caminar a ritmo lo que le pareció algo muy sensual a Alonso, poco podía envidiarle Ariadna a la cantante y admirar el panorama que veía lo excitaba un poco.

Mientras caminaba por la orilla de la piscina como

modelo de pasarela hacia las gradas para bajar al agua,

Ariadna se quitó la salida de baño a la vista de Alonso y lo dejó en la orilla, él se apresuró a encontrarla y ayudarla a bajar, a la vez que se enfocaba libremente en su cuerpo, tenía el tamaño justo de pechos que a él le gustaba, la cintura estrecha que a él le gustaba, la forma de las caderas que a él le gustaba, las curvas de piernas que él le gustaba y, volviendo a subir, se dio cuenta que tenía la cara que a él le gustaba, Ariadna había despertado en él otras cosas y al verla en ese bikini sólo deseaba poder hacer más sin pensar que era la prometida de su primo. Le extendió la mano y la miró bajar hacia él, Ariadna destilaba una ardiente sensualidad que difícilmente se podía resistir y Alonso ya comenzaba a desearla de manera prohibida. La chica por su parte se concentraba en bajar lentamente, no era su intención provocarlo era solamente su naturaleza coqueta lo que la que hacía actuar así, los escalones estaban lisos y temía resbalar y hacer tremendo show, pero más tardó en pensar eso que sucederle, colocó mal el pie derecho y sin saber cómo amenazó con caer sentada pero la agilidad de Alonso la salvó y tomándola fuertemente por la cintura la detuvo, a la vez que ella se aferró a su espalda con ambas manos, sus rostros quedaron a escasos centímetros y se miraron fijamente, en fracción de segundos una tremenda atracción los envolvió y mientras Ariadna pensaba en el qué dirán él sólo quería sentirla así por un momento más, los pechos de la chica lo incitaban a perderse en ellos y desviando un poco la mirada no pudo evitar saborearse, Ariadna sintió la erección de él saludarla y abriendo los ojos se incorporó rápidamente tratando de disimular y hacer de cuenta que no había pasado nada.

—Gracias —se limitó a decir ella bajando al agua.

Él se quedó un momento quieto para verla bajar y admiró su trasero antes de que el agua lo cubriera, mordió sus labios y oscureció la mirada.

—Es un placer —contestó bajando con ella.

Ariadna se apresuró a encontrarse con Lucas y disfrutaron un momento del agua.

Luego de juegos y de retirarse un momento del grupo para disfrutar su privacidad dentro de la piscina en donde se besaban apasionadamente a la vista de Alonso que ya no sabía lo que sentía, llegó el momento de almorzar. Mientras todos salían del agua y se aventuraban a las mesas del jardín dispuesta con el delicioso asado, Lucas y Ariadna se quedaron un momento más, la tenía incrustada entre su cuerpo y al azulejo de la piscina, se devoraban a besos y al momento de quedarse solos Lucas la levantó para hacer que sus piernas lo rodearan, apretó su trasero, bajó una mano hasta su sexo e introdujo sus dedos, Ariadna comenzó a sucumbir al placer y pedir por más, se escondieron un momento cerca de una pequeña catarata y sin que nadie los mirara él liberó uno de sus pechos que se deleitó en lamer y morder, ese pezón firme lo incitaba y llevando de nuevo su mano al sexo de la chica volvió a introducir sus dedos, Ariadna se limitaba a gemir en voz baja y a suplicar por su alivio, Lucas se sumergió en el agua e hizo que Ariadna colocara una pierna en su hombro, la quería abierta y dispuesta, llevó su boca al sexo de la chica y le dio un leve mordisco en el monte Venus, hizo a un lado el bikini y comenzó a morder, a lamer y a succionar todo de ella, jugaba con su lengua en la intimidad de Ariadna y al sentir como él succionaba sus labios íntimos y su clítoris ya no pudo más, se dejó ir en un delicioso orgasmo que tensó su cuerpo dentro del agua. Al acariciar la cabeza de Lucas y al bajar la pierna del hombro de él, éste salió a la superficie y la besó con fuerza, Ariadna no sentía sus fuerzas, toda ella temblaba.

—¿Te gustó? —le preguntó él jadeante.

—Sí… mucho.

Volvió a besarla y a apretar sus pechos.

—Sal del agua y siéntate en la orilla —ordenó ella—. Lo quiero en mi boca. —Lo tocó y apretó, estaba como quería.

Él obedeció gustoso, llegaron al nacimiento del agua y se escondieron detrás de la pequeña cascada, él se sentó reclinando su espalda en el muro de piedra que adornaba el nacimiento de la cascada, estaban detrás de ella, difícilmente los verían, ella se hincó en medio de sus piernas y ansiosa liberó su miembro y lo introdujo en su boca, al inclinarse para degustarlo Lucas aprovechó para tocar su trasero e introducir sus dedos de nuevo en ella, en ese ritmo, adentro y afuera con la boca de ella y, adentro y afuera con los dedos de él, el placer los envolvió de nuevo, pronto Lucas ya no pudo detenerse y su orgasmo también le llegó, Ariadna era magnífica con el sexo oral y eso lo volvía loco, la chica degustaba su miembro como si saboreara el más dulce y delicioso bombón, lo rodeaba con su lengua, estimulaba su glande, lo chupaba con fuerza, el tamaño del mismo cabía deliciosamente en la boca de ella y al escucharla gemir ya no pudo más.

—Ari ya no puedo detenerme, nena voy a llegar… —logró decir jadeando.

Ella le hizo una señal con la mano para que siguiera, no quería sacarlo de su boca, quería beber su semen.

Lucas acarició su cabeza y moviendo sus caderas se impulsó para encontrar más placer en la boca de su novia, ya no pudo detenerse, un gruñido lo liberó alzando su cabeza hacia atrás y se sintió placenteramente complacido, jadeaba sin encontrar aliento.

Ariadna levantó la cara después de beberse todo y se saboreó, lo miró con lujuria y acercándose como felina asaltó su boca, se sentó a horcajadas sobre él, hizo a un lado el bikini, se hundió en el miembro y comenzó a montarlo.

—¡Dios! vas a matarme nena —susurraba Lucas sin fuerzas—. Eres una furia cuando te excitas y me vuelves loco, me encantas, me dominas, me deshaces y vuelves a armarme.

—Tú sabes las consecuencias —dijo jadeante impulsándose con fuerza—. Las supiste y te arriesgaste.

—Y vale la pena —asaltó su boca apretando su cuerpo con el suyo—. Sentirte así es una delicia.

—Más Lucas, más, sí… —se movía rápidamente de arriba abajo, adelante y atrás, Ariadna amenazaba con dejarlo sin pene, lo quería todo sólo para ella.

—Ven nena, ven a mí de nuevo, tu placer es sólo mío —apretó con ambas manos su trasero y buscó con su boca uno de sus pechos de nuevo, la placentera sensibilidad que Ariadna sentía en sus pezones la volvía loca.

—Sí, sí, así, ¡ah!

La chica llegó a otro orgasmo y se derrumbó en el pecho de Lucas dejándole unos cuantos aruñones en la espalda.

—Eres magnífica nena, sabes cómo volverme loco con sólo mirarme —besó el hombro de la chica mientras encontraba el aliento, ella intentaba encontrar el suyo—. Pero será mejor ir a comer o nos vendrán a buscar.

Asentando ella sin poder hablar él la besó y arreglándose el traje de baño bajaron de nuevo a la piscina, salieron de la misma, se vistió con la salida de baño y se reunieron con los demás para disfrutar hambrientos el almuerzo en su honor.

Después de degustar en familia el delicioso almuerzo y de hablar sobre planes a futuro que comenzaron a poner nerviosa a Ariadna, la pregunta del millón llegó por boca de su suegra;

—Ari querida ¿Crees que el próximo fin de semana nos podemos encontrar en L.A.? Me han enviado un catálogo por la red sobre unas cosas tan divinas que me encantaría mostrarte, necesito que lleves un pequeño equipaje ya que vamos directamente a Beverly Hills.

Ariadna tragó en seco, la pregunta la tomó por sorpresa, no estaba preparada todavía para hablar con Lucas, no después de las sesiones de sexo que le había dado, no quería arruinar lo que restaba del día pero ya no podía retrasar lo inevitable.

—Ari, nena mamá acaba de hacerte una pregunta. —Lucas bebió más de su cerveza.

—Yo… —mordió sus labios y apretó sus dedos debajo del mantel—. Yo no sé…

—¿No sabes qué? —la miró fijamente.

—Si es por tu trabajo puedes pedir permiso —insistió su suegra cuando degustaba un pedazo de tarta de crema y cerezas.

—En lo personal ese trabajo de Ariadna me fastidia. —Lucas colocó la lata de cerveza vacía en la mesa y la apretó delatando su molestia, Ariadna tragó en seco de nuevo, no quería hablar el asunto delante de toda la familia.

—Es una profesión importante y delicada hijo, debes comprenderla y apoyarla —le dijo Andrew.

—Ya le pedí que renuncie —insistió—. Una vez casados la quiero sólo para mí, no quiero compartirla y menos con “horas extras” que nos fastidian y roban nuestro tiempo.

—Entiendo tu sentir —le dijo Alonso—. Pero ¿no crees que estés siendo un tanto egoísta?

—Sólo demando la atención que merezco —contestó—. No quiero llegar a la que será nuestra casa y saber que ella no ha llegado, no quiero ser el sabueso que he sido hasta ahora siguiéndole cada paso, no por desconfianza sino porque la necesito, una vez casados quiero que las cosas sean diferentes, quiero llegar y que ella me reciba, me atienda y que toda su atención sea para mí.

—Querido sobrino, desde pequeño siempre fuiste temperamental y demandabas atención más por las malas que por las buenas, Ari ha sido muy linda en soportarte pero ¿No crees que exageras? —preguntó la tía Deborah alzando una ceja.

—¿Tú también tía?

—Los tiempos cambian hijo —le dijo su tío Juan Diego terminando de saborear el último grano de maíz de su mazorca, el señor de casi sesenta era de tez bronceada, con cabello oscuro pero ya más gris por las canas y los ojos claros—. Antes podíamos exigir a nuestras mujeres estar en la casa y dedicarse sólo a ella, a nosotros y a los hijos, pero ahora ya no.

—Es por eso que estoy al cien por ciento con las empresas familiares, porque quiero darle todo a lo que ella está acostumbrada o más, no quiero que extrañe nada.

—Puedes darle un castillo de oro pero igual la querrás encerrada, ni todos los lujos le harán sentir plena, vas a privarla de lo que a ella le gusta hacer y eso no está bien —insistió Alonso.

—Estará bien si ella acepta, ¿No es así nena? —sujetó la barbilla de la callada Ariadna y le dio un casto beso en los labios.

—Ari es un alma libre e independiente —se metió Silvia en la conversación haciendo que Lucas pusiera los ojos en blanco y exhalara con fastidio—. Y a las mujeres que somos así no nos gusta depender tanto de un hombre y mucho menos pedirle dinero.

—Para eso tendrá su dinero puntual mes a mes en una cuenta bancaria de la que podrá disponer a gusto —se defendió.

—Es casi lo mismo —insistió Silvia—. Vas a chequear cada centavo que gaste y vas a exigir y a llenarte de facturas por cada compra que haga de las cuales querrás ver constancia.

Lucas la miró intentando fulminar a su prima, el giro de la conversación ya no le estaba gustando. Ariadna tragó más en seco y evitaba retorcerse en su silla.

—Los tiempos de las sumisas ya pasaron —dijo Alonso terminando de beber su soda—. A ninguna mujer le gusta quedarse en su casa y hacerse cargo de ella, además es su derecho trabajar y sentir que son útiles, no la prives de eso.

—Alonso ya no ayudes ¿Sí? Cuando estés en mi lugar hablamos. —Lucas ya no podía con la conversación.

—Míralo de esta manera Lucas, si Ariadna sigue con su trabajo tu dinero no tendrá dueña —le dijo su tío—. Mira éstas dos —señaló a su mujer y a su cuñada—. Deborah y Emma nos han exprimido a Andrew y a mí por más de treinta años, ¿No es así Andrew?

—Amén —contestó el otro levantando su cerveza en señal de aprobación.

—Oye no digas eso —codeó Deborah a su marido—. ¿Qué van a pensar nuestros hijos? ¿Qué los hemos explotado?

Emma miró a su marido levantando una ceja y esperó la respuesta de él también.

—Bueno ustedes han gastado más dinero que nosotros, deben reconocerlo —contestó Andrew resignado.

—Administrarlo querido —lo corrigió su mujer—. Hemos sido buenas administradoras que es diferente.

—Pero han sido felices así ¿O no? —insistió Lucas.

—Lo que quieres es que Ari dependa sólo de ti —le dijo Silvia.

—Y en todos los sentidos —muy sonriente le guiñó un ojo.

—Eso se llama machismo —le dijo Alonso seriamente, los primos comenzaron a retarse.

Ariadna ya no sabía qué giro había tenido la conversación y no se sentía bien entre tanta discusión que terminó sacando del hoyo los años de matrimonio de los tíos y padres de su novio. Era increíble como una pregunta generó tanta controversia.

—Bueno querido, eso lo discutirán después todavía hay tiempo —le dijo Emma a Lucas al terminar su postre y beber un poco de agua—. Ari querida aún no me respondes ¿Vamos a ir a L.A el próximo sábado? Puedes ir pidiendo permiso desde ahora, es más me gustaría mejor que fuera el viernes por la tarde para poder hacer todo con tiempo y regresar la tarde del domingo ¿Te parece?

Ariadna sentía que no podía ni respirar, el oxígeno no le llegaba a la cabeza, terminó de beber su té frío de limón y se armó de valor.

—Yo… no sé si pueda.

Todas las miradas se posaron en ella especialmente los ojos inquisidores de Lucas.

—¿Por qué no? —preguntó él intentando mantener la poca paciencia que le quedaba después de la conversación.

—Porque… —Ariadna mordió sus labios de nuevo, era evidente el temor que le tenía a Lucas y entendió que eso no estaba bien—. Hay un viaje en puerta a Europa y me lo han asignado.

—¡¿Qué?! —Lucas lanzó el tenedor al plato—. ¿Cómo que un viaje? ¿Por qué no me lo habías dicho?

—Me lo dijeron en la mañana cuando me llamaste y después… ya no pude decirte nada, no quise arruinar la tarde y por eso no había hablado del asunto, aún no sé nada de él, no me han especificado nada.

—¿Y a donde es exactamente querida? —le preguntó su suegra.

—A Francia y a Italia.

Lucas tragó su enojo y sintió que le cayó como patada de mula al estómago.

—Ah… Europa que romántico —suspiró Deborah.

—Ni lo pienses mujer —le dijo Juan Diego—. Cuando se te mete una idea en la cabeza hay que temerte y quiero vivir mis últimos años en paz.

—Cancélalo —le ordenó Lucas a Ariadna—. No puedes viajar y menos en estas fechas, nuestra boda está en puerta.

—Lucas no exageres —le dijo Alonso—. Seguramente sólo es máximo una semana, tienen tiempo.

Lucas la miró seriamente ignorando a su primo, esperando una respuesta por parte de ella.

—¿Y bien? ¿Vas a estar allá una semana? —insistió.

La chica bajó la cabeza y negó, Lucas se paró y se llevó las manos a su cabeza, intentaba contenerse.

—Ariadna… ¿Cuánto tiempo? —insistió de nuevo apretando los dientes.

—Estaré afuera… más de veinte días.

Toda la familia la miró sin poder creerlo, Emma casi se desmaya pensando que la novia no estaría a tiempo para la boda, Deborah se quedó en shock y los hombres más rígidos que una estatua, Silvia, Alonso y los demás chicos igual ni siquiera respiraban con la tensión del asunto, a Lucas poco le faltaba echar espuma por la boca y fulminar a Ariadna con la mirada y ésta, se sintió muy mal al saberse el blanco de la fatalidad. Los planes de boda comenzaban a desmoronarse.