VI

No se supo de qué manera, ni fue posible evitarlo, pero lo ocurrido en el paredón corrió de boca a oído como una mancha de gasolina extendiéndose sobre el agua. En respuesta los Intermedios se drogaron uno tras otro, quedando inmersos en una integral catalepsia que agravó los problemas y la confusión.

El ruido oceánico de ¡igualdad!, ¡igualdad!, dejó de oírse, pero aquel silencio era aún más aplastante.

Nunca la dictadura se había encontrado con una situación tan embarazosa...

Al fin se reunió el Consejo Superior.

Los robots no funcionaban sin la dirección de los androides. Los Intermedios ponían en marcha y conducían a los androides. Y la organización social del Nuevo Orden se derrumbaría sin estos pilares. Era demasiado tarde para rectificar el error de, por comodidad, haber confiado tantas cosas a los Intermedios...