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Berman volvió a mirar a Borman y le dijo:

—¿Ha oído usted, Jefe Borman?

—¿El qué?

—El chasquido de aviso del Controlador Cuatro.

—No lo he oído. Acuda a ver qué dice.

Berman recorrió la media docena de metros que le separaban del Controlador que, al verle llegar, emitió un runruneo de saludo y expulsó por la ranura de su panel central una cuartilla con el informe. Berman se lo entregó a Borman, que reflejó bien a las claras con sus antenas el disgusto recibido:

—Esto quiere decir, amigo Berman, que el bicho era verdaderamente tonto. La máquina concreta que ha muerto herido por un ser inferior e insignificante. ¡Bah! Un viaje tan largo para nada. Regresemos...