I

Arkus estableció contacto con Armus, Mirka, Zorius y Tratus.

—¿Preparados para el paso a la nueva dimensión? —preguntó.

—Sí —vibraron todos casi al mismo tiempo. Arkus contrajo satisfecho sus vacuolas y, decididamente, se puso a contar hasta cero antes de pulsar el mecanismo.

—Bar, ber, bir, bor, bur...

Dentro de los Ombligos Protectores, los dimensionantes rogaban a la Gran Mente para que la expedición alcanzara el proyectado destino y el dimensionaje resultase perfecto.

—Baer, bior, buoar, buer, ¡buear!

Al entrar en acción el sistema rompedor de dimensiones, el "Mir Or Arzu" se estremeció como si sus moléculas de silicio viviente fueran a desintegrarse. Cada Cosa sentía la intensa molestia de siempre en sus agudas púas. Arkus, empotrado en el puesto de dirección, apenas podía moverse. Y quería ver a sus compañeros; con esfuerzo prolongó hacia atrás sus ojos palpadores... Ellos, los copilotos, reflejaban mucho la dura prueba a que estaban sometidos. Ni uno conservaba erecta la trompetilla que tanto muestra la serenidad físico-síquica en los Arbarbazorianos. Bruscamente terminó la tortura. Todo se tranquilizó. E igual que cada vez que llega la paz, allá, la emisora de colores tangibles saltó automáticamente llenando el ambiente de espectrografías acariciadoras.

Ellos no tienen boca para sonreír, pero sus cuerpos duros y redondos como pelusonas bolas de billar, aunque con flexibilidad de caucho, despedían el grato aroma que podemos llamar carcajada de alegría. Convulsos (digamos) abandonar sus lecho-ombligos protectores para mirar afuera a través de as escotillas de cristal negro.

—¿Dónde estamos, Arkus? —preguntó alguien.

—No lo sé. Hay Abajo y hay Arriba. Tomaremos el Abajo dejando que la transportadora actúe.

El "Mir Or Arzu" se detuvo en el aire cuando Arkus olió la célula fotoviva del gran panel central de órdenes reflejo-biológicas. "El Mir" fue descendiendo lento, tal como una estrafalaria araña azul de quebradas patas y voluminosos ojos carmesíes que flotara ingrávida... El dimensionaje había sido perfecto, pero aún lo fue más la toma de contacto.

El preámbulo de preparativos para salir al exterior resultó rutinario. Lo importante es que estuvieron correteando por su nuevo descubrimiento... A las 4.500, según hora de Arbarbazoria, cuando hicieron estallar varias diminutas bombas al pie del "Mir Or Arzu" para sacar muestras del suelo, ocurrió la hecatombe; el Abajo se agitó, grandes promontorios y pequeñas cordilleras brotaron de la inmensa llanura (que para nosotros no es inmensa, y menos aún llanura; apenas un órgano cóncavo de dos centímetros cuadrados). La luz se fue. Oleadas de gelatinoso líquido, tan altas como la nave, vinieron desde todas partes bramando estruendosas, arrollando. Nada..., nadie quedó entero ni vivo...