IV

Amuk se detuvo en el aire, bruscamente sobresaltado por un horrible presentimiento. Sus hermanos le rodearon, alarmados ante su actitud.

—¿Qué ocurre, Amuk?

—Hay una amenaza muy cerca, ¿no lo notáis?

—No, no sentimos nada.

—Sí..., claro..., sois demasiado pequeños...

—¿Pero qué hay?

—Ya os he dicho que una amenaza. Meteos en casa...

Todos y apresuradamente saltaron el espacio que les separaba del hogar. Penetraron con rapidez por las hendiduras bajas de las rocas y no pararon de huir hasta alcanzar el dormitorio. Amuk atendió un poco más para cerciorarse de que su sentido no le mentía. Entonces retrocedió hacia la casa sin dejar de captar el enorme peligro acechador.