II

Berman miró con su único ojo compuesto a Borman. —Acabamos de entrar en la órbita del planetoide elegido para el experimento —le dijo.

—De acuerdo —respondió el Jefe Borman, sin soltar los controladores—. Ahora estabilice la nave sobre la zona que se ha premarcado para la Operación.

—¿Cree usted que este animal se adaptará? —indagó Berman mientras pulsaba los doscientos botones correspondientes a las maniobras de estabilización y anclaje.

—Espero que sí. Aunque a mí me parece un bicho bastante estúpido.

—Los científicos cada vez nos exigen misiones más disparatadas.

—Es seguro que no serán tan absurdas como a nosotros se nos antoja. Tendrán muy buenas razones para actuar así con este bicho traído del satélite Akra.

—¿Pensarán fundar alguna colonia en este planeta de atmósfera amoniacal?

—¡Yo qué sé!... Ande, ordene al cerebro electrónico lo que debe hacer y comunique a los robots que introduzcan al animal en el expulsor para lanzarlo hacia su meta.