III
De día y de noche...
Tres soles y tres lunas...
Se había improvisado un campo de concentración en las afueras, donde los Intermedios eran encerrados masivamente. No oponían resistencia, ni colaboraban, parecían fardos. Tenían que ser trasladados a rastras hasta los cercos de alambres y allí quedaban como paquetes sin dueño... Una labor agotadora e interminable...
El caos crecía por momentos. La bolsa de cotizaciones saltó. Pérdidas económicas por paros industriales. Un bloque enérgico que cerraba el paso a la actividad. Aunque tenían siempre vereda abierta en aquel océano compacto, las enfermeras, los médicos y los sacerdotes...
—¡Igualdad! ¡Igualdad! ¡Igualdad!
Ya no eran miles de Intermedios, pues centenares de Hombres Naturales que participaban de sus puntos de vista habían engrosado las filas.
Al cuarto día un grupo de helicópteros arrojó sobre los manifestantes miles de cuartillas que anunciaban la ley marcial y el fusilamiento del considerado promotor del levantamiento.