¿Los deportistas van a doparse con porno?
Queridos émulos de Ben Johnson que buscáis el grial deportivo por medio de las hormonas esteroideas, sabed que tal vez exista un modo de abandonar la jeringa en beneficio… del vídeo. En efecto, es sabido que algunas imágenes tienen el poder de hacer secretar testosterona, substancia que mejora tanto la musculación como la resistencia al esfuerzo y el deseo de superarse. Así, en 1974, un estudio alemán demostró que el visionado de una película pornográfica aumentaba en los espectadores masculinos, y en el transcurso de unos pocos minutos, la producción de esa hormona, fabricada sobre todo por los testículos. En 2010, otro estudio llegó al mismo resultado proyectando a un equipo de jugadores profesionales de hockey el vídeo de uno de sus éxitos anteriores. Ya se sabe: vencer es excitante.
Pero quedaba por demostrar que el aumento de la testosterona, relativamente modesto, provocado por las imágenes excitantes se plasmaba en una notable mejoría de los resultados deportivos. Esta es la hipótesis que pusieron a prueba dos investigadores británicos en un artículo publicado por la revista Hormones and Behaviour. Para llevar a cabo su experimento, Christian Cook y Blair Crewther reclutaron a doce jugadores profesionales de rugby. De media, 1,90 metros y 99 kilos. Dado su oficio, esos bebés tan guapos eran habituales de las salas de musculación y conocían el squat, ejercicio que consiste en doblar las piernas llevando sobre los hombros una haltera bien provista, para fortalecer los muslos y las nalgas.
El experimento consistió en organizar, durante varios días, seis sesiones en las que los deportistas empezaban dando una muestra de su saliva (a fin de conocer su tasa de testosterona), veían un vídeo corto, esperaban unos diez minutos antes de que se les tomara una segunda muestra de saliva y, luego, se lanzaban a una sesión de squat en la que un entrenador los animaba a llegar a su máximo. He aquí lo que vieron los jugadores de rugby en las seis sesiones, en un orden aleatorio: un gag sacado de una comedia, un reportaje triste —hasta el punto de lograr que se les saltaran las lágrimas— sobre unos niños africanos que morían de hambre, un vídeo picante con bailarinas más o menos desnudas, el entrenamiento de un campeón de lucha libre, un clip «agresivo» que mostraba brutales placajes en rugby o… una pantalla vacía (para contrastarlo todo).
Los investigadores confirmaron lo que ya habían descubierto sus predecesores, es decir, que la testosterona aumentaba sensiblemente (hasta el 10% o incluso más) tras el visionado de una película picante, deportiva o violenta (el humor también hacía subir la tasa), mientras que ante los enflaquecidos niños de África, la hormona estaba a media asta. Eso, lógicamente, se plasmó en la sala de musculación. Por término medio, las marcas de los «cobayas» eran peores que de costumbre tras haber visto la película triste. Por el contrario, levantaban mucho más hierro colado después de los vídeos eróticos, deportivos y agresivos. Quod erat demostrandum. Los entrenadores cuyos protegidos consiguen malos resultados ya saben lo que tienen que hacer: organizar combates de mujeres desnudas en los vestuarios antes de cualquier competición…
Apuntemos, para terminar, que esos experimentos británicos y su publicación tuvieron lugar en 2010 y 2011, es decir, antes de los Juegos Olímpicos de Londres. ¿Será éste el secreto del increíble éxito de los deportistas que compitieron representando al Reino Unido en esas olimpiadas?