Las joyas del fútbol marciano
Siendo el destino indiscutible de la humanidad abandonar su cuna, la Tierra, podemos apostar que querrá llevarse consigo las joyas de la civilización, a la cabeza de las cuales figura el deporte… En 1971, el astronauta estadounidense Alan Shepard había abierto el camino jugando un poco al golf en la Luna, con una sola mano pues, por desgracia, su escafandra no había sido diseñada para practicar el swing. Dentro de algunos siglos, nuestros descendientes habrán, colonizado el planeta Marte, pero ahora se nos plantea una angustiante pregunta: ¿se podrá practicar allí el fútbol?
La pregunta no es tan absurda en vista de que… la ciencia la ha respondido ya, en un artículo publicado en el año 2010 en el Journal of Physics Special Topics. Puesto que el fútbol se inventó al otro lado del canal de la Mancha, ¿quién sino los británicos (en este caso tres representantes de la Universidad de Leicester) podían ocuparse de la adaptación del deporte número uno a las condiciones marcianas? Quien quiera chutar un balón en el planeta rojo debe tener en cuenta dos diferencias fundamentales entre la Tierra y Marte. De entrada, la masa de Marte es claramente inferior a la de la Tierra, por lo que la gravedad allí es más débil: 3,71 m/s2 contra 9,81 m/s2. Se trata de un cambio substancial en un deporte basado en el desplazamiento de una masa esférica.
La otra diferencia se refiere a la atmósfera. Si dejamos de lado las bajas temperaturas y la casi ausencia de oxígeno en Marte, que obligarán a los jugadores a moverse con escafandras caldeadas, la atmósfera marciana tiene también el defecto de ser mucho más tenue que la nuestra. Esto tendrá un importante impacto sobre la fuerza que se opone al movimiento en un fluido (en el presente caso, el aire). Para decirlo con claridad: en Marte la resistencia del aire es muy débil. Los autores del estudio calcularon que un potente disparo, un «zapatazo», que en un estadio terrestre caería a cincuenta metros, recorrería más de doscientos en un estadio marciano, es decir, dos veces la longitud de un campo de fútbol. Los porteros tendrían de repente muchas más posibilidades de marcar. En cambio, los artistas del peloteo quedarían muy decepcionados. Particularmente los especialistas en chutar con trayectoria curva, gracias a un sabio efecto de rotación que se imprime al «cuero». Sin resistencia del aire, los Messi del futuro, los gerifaltes del golpe franco que deja sentado al portero podrán esperar, a su vez, sentados. Según el artículo, la mayoría de estos problemas (salvo los de la gravedad) se podrán resolver haciendo que los partidos se disputen en estadios-burbuja con una atmósfera artificial.
La honestidad nos obliga a decir que el Journal of Physics Special Topics no es una verdadera revista de investigación sino urja publicación de la Universidad de Leicester en la que los estudiantes se entrenan en el codificado arte del artículo científico. El periódico, no obstante, tiene un comité de lectura que selecciona los «papeles» recibidos como lo haría una verdadera revista, y comprueba el contenido y las referencias. Puesto que en ella no se ponen barreras a la originalidad y al humor, el cronista de la ciencia improbable intenta descubrir allí a aquellos que serán mañana sus proveedores de temas…