La guía de la perfecta autoestopista
Una consecuente cantidad de estudios ha demostrado que, en la elección de una compañera, los hombres tenían particularmente en cuenta el atractivo físico de las damas, mientras que éstas preferían más bien un estatus social elevado y buenas perspectivas financieras (en todo caso, eso es lo que dice la ciencia…). Quedan por definir las características que determinan el poder de atracción de las mujeres. Y ahí entra en escena… la autoestopista. Se trata, en efecto, de una de las herramientas de experimentación favoritas de Nicolás Guéguen, investigador de ciencias del comportamiento en la Universidad de Bretagne-Sud, que ha recibido ya los honores de esta crónica sobre la ciencia improbable.
Este tipo ha convertido en una especialidad la manipulación de la apariencia exterior de autoestopistas cómplices y la evaluación del impacto de los cambios en el número de paradas de los automovilistas. Y Nicolás Guéguen nunca queda decepcionado. Tomemos los tres últimos experimentos que ha llevado a cabo, cuyos resultados fueron publicados en 2007, 2009 y 2010. En el primero, partiendo de la idea de que el tamaño de los pechos se ha convertido en una baza capital en el juego de la seducción, hasta el punto de que millones de mujeres en todo el mundo se han aumentado el diámetro pectoral, recurrió a una pequeña estratagema. Reclutó a una cómplice poco favorecida por la naturaleza (copa A de sujetador) y le hizo levantar el pulgar en una carretera bretona. Añadiendo unas prótesis de látex, podía colmar una copa B o una C y tenía instrucciones de cambiar de tamaño cada cien coches. Como era de prever, el número de paradas de automovilistas machos aumentó proporcionalmente al contorno pectoral, mientras que el de las conductoras no varió significativamente, como sucedió también en las pruebas siguientes.
En el segundo experimento les hizo variar el color del pelo. Cinco mujeres jóvenes vestidas del mismo modo, con el mismo perímetro pectoral y un rostro de un atractivo equivalente (medido por un panel de hombres antes del experimento), se relevaron en el arcén de la carretera, cambiando regularmente de peluca: morena, rubia o castaña. La prueba confirmó que, aunque no siempre lo reconozcan, los hombres decididamente prefieren a las rubias, sin duda porque las perciben más jóvenes, más fértiles y más saludables que las demás, como han demostrado varios estudios.
Para el último experimento se siguió el mismo protocolo, con la diferencia de que todas las cómplices llevaban el mismo tinte de pelo y solo cambiaba el color de su camiseta: negro, blanco, amarillo, rojo, verde o azul. Los distintos colores quedaron más o menos empatados, salvo el rojo, que hizo detenerse a más de un conductor de cada cinco, contra uno de cada siete, por término medio, de los demás colores. El rojo, asociado a lá mujer fatal, es el color que exhiben en el perineo nuestras primas, las hembras de babuino, de macaco o de chimpancé, durante su fase fértil. Asimismo, algunos investigadores consideran que si el rostro de las mujeres en período de ovulación resulta más atractivo, tal vez sea porque está más vascularizado y, por lo tanto, es más rojo.
Añadiremos que las autoestopistas de las pruebas no subieron a ningún coche. Cada vez que alguien se detenía a recogerlas, las jóvenes explicaban que se trataba de un experimento. Los estudios no especifican cuántos conductores les respondieron: «Lástima…»