¿Qué chocolatina produce mejores huesos?

En la serie televisiva House, el antipático y genial médico interpretado por Hugh Laurie suele utilizar metáforas y analogías para explicar lo que funciona mal en el organismo de sus pacientes, sobre todo porque considera a sus colegas —y más aún a sus enfermos— demasiado estúpidos para seguir sus razonamientos: «OK, el tumor es Al Qaeda. Entramos y lo limpiamos todo…».

En la vida hospitalaria no televisada, los verdaderos médicos actúan del mismo modo —aunque con mejores maneras— y encuentran a menudo astutas comparaciones para evitar la jerga científica. Una buena imagen vale más que un largo discurso, aunque es preciso que sea correcta. En resumen, esto es lo que se dijo el equipo de un hospital galés, acostumbrado a que los médicos comparasen la estructura de los huesos con la de algunas chocolatinas. Para comprender este estudio publicado en 2007 en el British Journal of Medicine, debemos familiarizarnos con dos éxitos de la pastelería al otro lado del canal de la Mancha que casi no se encuentran en Francia o en España: el Crunchie, de la marca Cadbury, y el Aero, fabricado por Nestlé. El primero es un toffee crujiente y poroso recubierto de chocolate, mientras que el segundo es una chocolatina de chocolate con leche en la que se han inyectado burbujas de chocolate, de ahí su nombre.

Para los súbditos de Su Majestad, resulta de lo más elocuente que los médicos comparen el interior de un hueso sano con la estructura prieta y esponjosa del Crunchie, mientras que los grandes alveolos que contiene el Aero evocan la osteoporosis, esa alteración de la arquitectura ósea que acarrea una fragilidad del esqueleto. En pocas palabras, los huesos Crunchie son más sólidos que los huesos Aero. Pero aunque visualmente es cierto, ¿lo es en el plano de la física de los materiales de pastelería? Si Isabel II tuviera fémures Crunchie, ¿resistiría mejor las caídas que con chocolate aireado en las piernas?

A pregunta improbable, experimento chusco. Los autores del artículo aparecido en el British Journal of Medicine adquirieron, con su peculio personal, diez ejemplares de ambos productos. No sin humor aseguran que «el número de chocolatinas se vio limitado por los fondos destinados a esta investigación». El entorno elegido fue un suelo embaldosado representativo del lugar donde se producen buen número de fracturas (en huesos verdaderos). Habían dejado los dulces durante ocho horas a temperatura ambiente, de manera que se encontraban en equilibrio térmico con la estancia. En este tipo de pruebas no hay que dejar nada al azar. El experimento consistió en dejar caer las chocolatinas desde una altura cada vez mayor (añadiendo 30 centímetros en cada prueba) y evaluar los daños.

Enseguida hubo que rendirse a la evidencia: a pesar de su estructura, más densa en apariencia, el Crunchie resultó mucho más frágil que su homólogo lleno de burbujas. A partir de 1,2 metros de altura, todos los Crunchies se rompieron sistemáticamente mientras que el 40% de los Aeros aguantó el golpe hasta una altura de 2,1 metros, que señaló el final del experimento. La resistencia de las chocolatinas, al igual que la de los huesos, no depende solo de su densidad. Es probable que el hecho de que los Aeros tengan una proporción mayor de chocolate y proteínas les confiera una mejor absorción de los choques. Queda claro que la metáfora no era adecuada, así que habrá que encontrar otra cosa. ¿El scone y el muffin?