Los bebés supernumerarios de San Valentín

Ya está aquí San Valentín, con su cortejo de corazoncitos, querubines y Cupidos, regalos dulces, cenas con velas… y broncas para quienes hayan olvidado la fiesta de los tortolitos. ¿Qué lugar puede ocupar la ciencia improbable en esta celebración del amor? La respuesta la da un estudio publicado en julio de 2012 por la revista Social Science & Medicine. Sus autores, tres especialistas del comportamiento en la Universidad de Yale (Connecticut), se preguntaron si las representaciones culturales vinculadas a ciertas fiestas populares influían en el número de nacimientos de aquellos días. En resumen, ¿se engendra más vida en los días de connotación positiva y menos durante los días de connotación negativa?

Los investigadores se centraron en dos momentos del año: las dos semanas en torno a la fiesta de San Valentín, que es el 14 de febrero (con sus piropos y sus amores), y las dos semanas que marcan la fiesta de Halloween, el 31 de octubre (con sus brujas haciendo muecas y su representación de la muerte). Reunieron todos los registros de nacimientos en Estados Unidos durante esos dos períodos de quince días a lo largo de once años consecutivos, de 1996 a 2006, ambos incluidos. En total, casi 3,5 millones de bebés estadounidenses estuvieron vinculados al estudio sin saberlo.

Los resultados forman una cresta y un valle en la curva de nacimientos. Una cresta en San Valentín, cuando nacen por término medio unos seiscientos niños más que los días de los alrededores, es decir, un aumento del 5%. Se podría pensar que esos bebés supernumerarios son fruto de partos programados el día D por los obstetras para complacer a esos padres que desean que su hijo esté marcado con el sello del amor. En realidad, todas las clases de parto (espontáneos, por cesárea y provocados) aumentan el 14 de febrero. A la inversa, en Halloween, la curva de nacimientos muestra un valle muy claro. Por término medio, ese día faltan más de mil doscientas parturientas, es decir, un descenso del 11,3% con respecto a las cifras de los días anteriores o siguientes. Para explicar por qué este valle es el doble de pronunciado que la cresta de San Valentín, los investigadores sugieren que los símbolos de Halloween, como los esqueletos y las brujas, no solo se interpretan como malos presagios, sino que se ven también como amenazas para el recién nacido.

Según los autores del estudio, esos sorprendentes resultados deberían generar un debate sobre la precisión de la expresión «nacimiento espontáneo», en vista de que las estadísticas demuestran que, de manera significativa, las mujeres embarazadas son capaces de acelerar o demorar el trabajo para que su hijo nazca el día «bueno» o evite el día «malo». Subrayan la necesidad de descubrir por medio de qué «mecanismo psicológico que hasta hoy ha pasado desapercibido» las futuras madres lo consiguen, sabiendo que el desencadenamiento del trabajo está controlado por hormonas. Por último, los investigadores sacaron una conclusión muy lógica de su estudio: «Nuestros resultados indican la necesidad de adaptar el número de personas que trabajan en los servicios de obstetricia los días de San Valentín y de Halloween a la cresta y el valle de nacimientos respectivos». Pero para ello sería necesario, además, que los responsables de los departamentos de recursos humanos de las maternidades leyeran Social Science and Medicine…