Cuando la botella de cerveza se convierte en un rompecabezas
Como relata en un artículo del año 2008, publicado por el Journal of Forensic and Legal Medicine, un equipo suizo del departamento de medicina forense de la Universidad de Berna, acostumbrado a obtener candidatos a la autopsia tras las peleas de bar, vio como un tribunal le ponía en un aprieto: ¿golpear a un ser humano en la cabeza con la ayuda de una botella de cerveza de medio litro, puede hundir el cráneo del humano en cuestión, o la botella se romperá antes?
No se preocupe, señoría. Haremos un pequeño experimento y le daremos la respuesta. Tomemos de entrada una botella de cerveza a la que, de acuerdo con el procedimiento puesto a punto por el científico improbable que fue Pierre Desproges, «llamaremos Catalina, en homenaje a Catalina de Médicis, cuya capacidad pasmó a su época». Tomemos luego un asiduo a la barra, al que llamaremos John, en referencia a John Wayne, que en las innumerables peleas de saloon que rodó recibió en la cocorota más botellazos que cualquier otro. Aplastemos a Catalina contra la… ¿Perdón? ¿Que no es deontológico hacer estos experimentos con un cobaya vivo? Pues eso nos complicará la tarea.
Nuestros investigadores suizos tuvieron que estudiar de otro modo las propiedades físicas de Catalina y, en primer lugar, la más importante de todas ellas: ¿qué botella es más difícil de romper y, por lo tanto, más peligrosa, la llena o la vacía? Tras haber medido por medio de tomografías los distintos grosores de la pared de vidrio y haber determinado qué parte era la más frágil, los investigadores pegaron allí, con pasta para modelar, una pequeña tablilla de madera. Esta simulaba el hueso del cráneo, mientras que la pasta para modelar desempeñaba el papel de los tejidos blandos de la cabeza. Luego, bastó con colocarlo todo al pie de una torre de impacto —una máquina destinada a probar la resistencia de objetos y materiales— y hacer caer encima, desde distintas alturas, una bola de acero de un kilogramo.
Resultado: era necesaria una energía de treinta julios para romper las botellas llenas y se necesitaban cuarenta para las vacías. Según los investigadores, esta notable diferencia se explica por una buena razón: siendo la cerveza un fluido casi incompresible, «incluso una pequeña deformación de la botella debida al impacto de la bola de acero produce un aumento de la presión en el interior y su destrucción», un fenómeno que se hace más sensible aún dada la presencia de gas carbónico en la bebida, cosa que no sucede, evidentemente, con una botella vacía. Ahora bien, ¿acaso treinta o cuarenta julios bastan para romper un cráneo? Los autores del estudio no colocaron ninguna cabeza humana en la torre de impacto y se limitaron a referirse a la documentación ya existente, establecida con ayuda de cadáveres. En las partes menos sólidas, se puede producir una fractura con una energía de solo catorce julios. Por lo tanto, los médicos forenses respondieron «sí» a la pregunta del tribunal.
¿Caso cerrado? En realidad, no. En una respuesta a este estudio, publicada unos meses más tarde, dos investigadores alemanes consideran apresurada la conclusión. Explican que, en el transcurso de veinte pruebas realizadas con voluntarios ya fallecidos, fue imposible producir una fractura de cráneo golpeándolo con una botella (Catalina y John estaban hechos para encontrarse). Decididamente, la teoría no vale lo que la práctica.