Un extraordinario
señor
73
Durante su corta permanencia en la ciudad de México, en 1894, Martí se sintió enfermo. Don Manuel Mercado, su gran amigo, llamó al Dr. Regino González para que lo atendiera.
En respuesta a la sola pregunta que le hizo el médico sobre la molestia que lo aquejaba, Martí le expuso con tanta claridad los síntomas de su malestar, que sin necesidad de examen el Dr. González pudo extenderle la receta indicada para su curación.
Al salir de la habitación, el médico preguntó asombrado:
—¿Pero quién es este extraordinario señor que me ha hecho tan admirable descripción de su enfermedad?
Una vez más Martí demostró sus amplios conocimientos, inclusive del organismo humano y la Medicina.