Magnanimidad martiana
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Estando Martí en Madrid, en 1879, deportado por segunda vez, caminaba abstraído por la calle del Prado, cuando tropezó con un carretero. Éste se volvió airado y lo insultó con palabras soeces. Martí, con desusada serenidad, se disculpó y, después de hablarle por algún tiempo, le alargó una moneda.

—Quiero que en mi nombre ofrezca usted unos dulces a sus chiquitines —le dijo.

El carretero no salía de su asombro, mientras Martí le sonreía con bondad.