Lección de urbanidad
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Era Martí hombre cortés, de finos modales, de lenguaje correcto, al extremo de que en sus numerosos escritos, y aun en el fervor de sus discursos revolucionarios, nunca empleó una palabra vulgar o insultante para nadie, ni para los enemigos.

Un día oyó a los hermanos de María Mantilla hablándole con cierta rudeza, y los amonestó:

—A que no le hablan así a la hija del vecino o a cualquier extraña; ¿por qué lo hacen con su hermana que merece más delicadeza y ternura que los de afuera?