Maestro y discípulo
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Poco después de recibirse de abogado, Gonzalo de Quesada y Aróstegui tenía a su cargo, en el importante bufete de Curtis y Colt, en Nueva York, la revisión de los títulos de propiedad de valiosos terrenos en California. Una vez terminada su labor, pasaría a ser miembro de la firma. El ministro de España en los Estados Unidos, que tenía algunos negocios con el bufete y gran influencia en él, consiguió, para perjudicar a Martí en sus trabajos revolucionarios, que los jefes del bufete le indicaran a Quesada que “debía dejar a un lado sus relaciones con el señor Martí”.

Quesada renunció inmediatamente a su posición en el bufete. Al informarle a Martí de la carta que había recibido, éste le dijo:

—¿Y usted qué va a hacer? ¿Va a perder su porvenir y su riqueza?

—No, Maestro —le respondió Quesada—. Yo no lo abandono a usted; ya he renunciado a todo.

Martí, emocionado, le dio un abrazo a su discípulo predilecto, y lo llevó a un modesto restaurante, donde solía almorzar.

—Hoy tomaremos media botella de algún vinillo para celebrar su gesto —dijo.