El
psicólogo
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Encontrándose Martí en Cayo Hueso, a fines de 1893, conferenciando con el coronel Martín Marrero sobre los planes de conspiración en Cuba, llegaron varios emigrados que él había mandado a buscar. Uno de ellos salió sin decir palabra, marchándose un poco amoscado. Y, entonces, otro de los cubanos le preguntó al Maestro si no le iba a confiar a aquel hombre la misión que le tenían señalada de antemano, a lo que le contestó Martí rápidamente:
—No; porque la fisonomía de ese hombre no responde a su promesa.
Y el tiempo demostró que Martí no se había equivocado.