El padre americano
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Cuando Martí llegó a Caracas, “al anochecer, sin sacudirse el polvo del camino”, y sin preguntar “dónde se comía ni se dormía”, se encaminó directamente a la estatua de Bolívar.

Y el viajero, “solo con los árboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecía que se movía, como un padre cuando se le acerca un hijo”.

Lloró de honda emoción y le rindió tributo a Bolívar, porque entendía que todos los americanos deben querer al Libertador como a un padre, por haber luchado por la independencia de “Nuestra América”.