¡Ay, las
madres!
70
Durante los meses que precedieron a su salida de Nueva York para reunirse con Máximo Gómez en Santo Domingo y partir luego para los campos de Cuba Libre, Martí cambiaba a veces de domicilio para eludir el espionaje español, a cargo de una agencia norteamericana de detectives.
Una noche que durmió en el cuarto de Luis Baralt, éste se despertó por los suspiros de Martí, quien no había logrado conciliar el sueño.
—¿Qué tiene? —le preguntó Baralt, alarmado, temiendo que Martí estuviera enfermo.
—¡Ay, las madres! ¡Cuánta sangre y cuántas lágrimas se va a derramar en esta revolución a que voy a lanzar a mi país! —contestó el Apóstol, condoliéndose de los sufrimientos inevitables de la revolución necesaria.