Aunando voluntades
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Encontrándose Martí en la habitación de su hotel, en Costa Rica en 1893, conversando con Antonio Maceo, llegó Antonio Zambrana.

Al ver que Maceo y Zambrana no se saludaron, comprendió que estaban distanciados y exclamó:

—¿Cómo es posible que dos antiguos compañeros de la guerra: el diputado de Guáimaro y el héroe de los Mangos de Baraguá, se encuentren y no se saluden?

Luego hizo que los dos patriotas se abrazaran reconciliados, unidos en el común ideal de luchar por la independencia de Cuba.