Credo
martiano
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Cuando Martí iba a Tampa, solía vivir en la humilde pero nobilísima casa de los esposos negros Ruperto y Paulina Pedroso. Espías españoles vigilaban sus actividades e intentaban agredirlo.
Una noche, mientras Martí dormía, como de costumbre, en el primer cuarto de la casa, los espías tocaron a la puerta. Paulina, que velaba el sueño del Apóstol, abrió cautelosamente la puerta y, al darse cuenta de que se trataba de enemigos, les informó con voz enérgica que el Maestro no estaba ahí.
Al despertarse Martí, y ser informado de lo sucedido, le preguntó a Paulina:
—¿Les dijiste que estaba?.
—Lo negué —respondió ella.
—Pues debiste haberles dicho la verdad —replicó-Esos hombres son hoy mis enemigos, pero yo haré que mañana sean mis mejores amigos.