Carta blanca para vivir

Querido hijo:

Debes tomarte lo que voy a decirte totalmente a la ligera, puesto que no soy más maestro que tú en el arte de existir, para el que no hay expertos. Todos somos principiantes y cada mañana aprendemos a vivir de nuevo.

Aun así, por pura charlatanería, hay varias cosas que quiero decirte para que tu paso por Idilia haya servido de algo.

La primera es que te dejes de tonterías y empieces a tocar de oído. Let’s play by ear, como dicen los músicos de jazz. Olvídate de hacer pronósticos, porque siempre fallan. Olvídate de las expectativas, porque siempre defraudan. Escucha. Aprende. Ama lo que es. Siente el latido de la vida y déjate llevar.

Cuando dejes de mirarte el ombligo y abraces el mundo tal como es dejarás de ser infeliz, porque cualquier camino es bueno para quien camina ligero de equipaje. Amén.

Es bueno amarse a uno mismo, pero procura amar siempre un poco más a los demás. Como un bumerán, ellos se encargarán luego de procurarte el amor que necesitas. No te sientas importante, porque nada ni nadie lo es. Si eres capaz de ser quien eres y de estar donde estás, ya habrás conseguido mucho.

¿Qué más puedo decirte? Es absurdo que te dé instrucciones, puesto que vas a hacer lo que te dé la real gana y es bueno que así sea. A fin de cuentas, nadie sabe definir qué es la felicidad, pues implica algo distinto para cada uno.

Sí sabemos, en cambio, cuáles son los promotores de la infelicidad, pues son los mismos para todo el mundo. Si no quieres echarte mierda sobre ti mismo, hay seis cosas que debes evitar:

* Quejarte cuando algo no sale como tú quieres, ya que perderás amigos y resultarás francamente antipático.

* Molestar a los demás contándoles tus necesidades, cuando todo el mundo tiene las suyas.

* Criticar y juzgar lo que otros hacen mal, con el consiguiente fallo (también en el sentido literal de la palabra) y condena. ¿Qué sabes tú de lo que está bien? ¿Quién te ha dado vela en este entierro? ¿Y qué sabe nadie de las vidas que no alcanza a comprender?

* Desear lo que no tienes. Conténtate con cualquier cosa y siempre tendrás mucho.

* Temer al miedo. Está ahí para que podamos aprender algo. Hay que respetarlo como a un maestro.

* Buscar la perfección. Mejor imita la naturaleza, donde todo es provisional, incompleto y efímero. En el ser humano no existe la perfección, pero se puede ser un perfecto idiota si la pretendes.

Evitando estas minas en tu camino no te será difícil encontrarle el gusto a la vida. Llegará un momento en que, a base de tropezar, dejarás de ser hijo para poder ser padre. Y no sólo de una chica risueña como Aroha. Aprenderás a ser padre de tus actos y de sus consecuencias, es decir, de tu destino.

Mucho más no puedo decirte, hijo. Intenta ser útil a los demás cada día de tu vida. Crea y cría. Si no quieres tener hijos, cría buenos planes que hagan de éste un mundo mejor.

No me cansaré de insistir: acepta la vida tal como es, no quieras que sea otra cosa. Y no esperes grandes acontecimientos. Piensa que la existencia cotidiana es tu verdadera escuela; el resto son actividades extraescolares.

Considera lo que has vivido en Idilia como un libro que te ha procurado entretenimiento, emociones y algún aprendizaje que otro.

Ahora que lo has cerrado, sigue pasando las páginas de tu vida.

Siempre tuyo,

PADRE NIEBLA

PD. Por obra de ese azar que todo lo ordena, el otro día llegó volando hasta mi tienda una página de periódico. Había una entrevista con José Luis Sampedro en la que le preguntaban qué había aprendido sobre el arte de vivir después de casi cien años. Su respuesta fue curiosa: «El arte de vivir se reduce a dos cosas: comprender y no estorbar». Tal vez tenga razón.