Aroha #7 - La última cinta -

He visto bastantes obras de teatro en mi vida, pero sólo tres me han dejado huella.

Nunca he conseguido entrar en Shakespeare. Quizá sea por el lenguaje tan ampuloso o porque no he tenido la suerte de asistir a buenas producciones. Molière es divertido pero no me llega.

Hay tres obras modernas, sin embargo, que han supuesto un antes y un después en mi vida. Una es A PUERTA CERRADA, que me dio una nueva visión del infierno. La segunda, ESPERANDO A GODOT, una lección magistral sobre lo absurdas que son las esperanzas humanas. Pero hay otra pieza de este mismo autor, Samuel Beckett, que es mucho menos conocida pero me dejó en estado de shock: LA ÚLTIMA CINTA DE KRAPP.

La obra, que se estrenó en Londres en 1958, requiere un solo actor y un magnetófono. Krapp es un hombre decrépito que, a lo largo de su vida, ha ido grabando su diario en diferentes cintas que va guardando escrupulosamente. En el monólogo, el anciano encuentra en la caja número tres la cinta número cinco, una grabación muy antigua. Al reproducirla, le impresiona escuchar su yo más joven contando batallitas del pasado. En especial, el encuentro con una mujer de esa época.

Tras escuchar con horror quién había sido (alguien que ha dejado de existir) y darse cuenta del paso del tiempo, termina grabando una nueva cinta con su desesperanza.

Me gustó tanto este monólogo que, inmediatamente después de la función, compré el libro y memoricé las últimas palabras de Krapp en la obra, tras grabar su última cinta. Aún las recuerdo:

«Y aquí termino esta cinta. Caja... tres, bobina cinco.

»Quizá mis mejores años han pasado. Cuando existía alguna posibilidad de ser feliz. Pero ya no querría tenerla otra vez. Y menos ahora, que tengo ese fuego en mí. No querría tenerla otra vez».

Después de estas palabras, Krapp se queda inmóvil con los ojos fijos en el vacío, mientras la cinta continúa rodando en silencio.

Oscuridad.

¿Por qué recuerdo tan vivamente esta obra justamente hoy? No lo sé. Presiento que algo se termina, pero desconozco qué es.

O quizá lo sé y no me atrevo a reconocerlo.