TARDE DESPUÉS DE LA LLUVIA
Miro por la ventana: el cielo ya se apaga.
Un rayo de despedida brilla y relumbra
para los ojos ilusos en lo alto de las columnas,
en las cúpulas, cruces y chimeneas.
Y los inflamados bordes de las oscuras nubes
se recortan en el cielo como serpientes.
Y la brisa, al recorrer el jardín,
agita los tallos de las hierbas empapadas…
Entre ellas he descubierto una flor:
como si fuera una perla venida de oriente,
el agua retiembla sobre ella con sus brillos.
Inclina la cabeza como una muchacha
sumida en una pena fatídica.
El alma arrasada y sin embargo alegre:
aunque ardientes lágrimas viertan los ojos,
nunca se olvida de su belleza.