EL CABALLERO PRESO
Silencioso ante el ventanuco de la celda,
contemplo el cielo azul.
Y al ver cómo revolotean las aves libres
siento pesar y vergüenza.
A mis labios no acude oración de pecador
ni una canción en honor de la amada.
Solo recuerdo las antiguas batallas,
la firme espada y la coraza de acero.
Encerrado ahora en pétrea coraza,
yelmo de piedra oprime mi cabeza,
de flechas y de espadas libre el escudo,
galopa mi caballo y nadie lo gobierna.
El tiempo veloz es mi fiel caballo,
la visera del yelmo los barrotes,
la coraza de piedra los altos muros,
mi escudo la puerta de hierro de la celda.
¡Aprieta el paso, desbocado tiempo!
¡Que esta nueva armadura me sofoca!
La muerte, al llegar, me sujeta el estribo,
y yo desmonto y retiro del rostro la visera.