MI MORADA
Mi morada está en cualquier lugar donde refulja
la bóveda celeste, donde solo se oigan los sones
de los cantos y brille la chispa de todo lo vivo.
Inmensa es la morada del poeta.
Su tejado llega hasta las mismas estrellas,
y de un muro a otro se extiende
un vasto camino que el habitante mide
no con los ojos, sino con el corazón.
Un sentimiento de verdad en el corazón del hombre,
santa semilla de eternidad:
el espacio ilimitado, el curso de los siglos,
abarca con una mirada fugaz.
Para ese sentimiento mi hermosa morada
el Todopoderoso construyó.
En ella se me condenó a largos sufrimientos,
y solo en ella alcanzaré la paz.