EL SUEÑO
Con plomo en el pecho yacía inmóvil
bajo el ardiente sol del mediodía en un valle
de Daguestán. Aún humeaba la profunda
herida, por la que mi sangre goteaba.
Yacía solo sobre la arena. Alrededor
las rocas se cerraban escalonadas.
El sol quemaba sus amarillentas cimas,
también mi cuerpo, por siempre ya dormido.
Y soñaba con luces resplandecientes
y una fiesta vespertina en la patria.
Las muchachas, con guirnaldas de flores,
hablaban alegres de mí.
Una de ellas, sumida en sus pensamientos,
no participaba de la jovial cháchara.
Y Dios sabe por qué un triste sueño
oscureció su joven alma.
Soñó con un valle de Daguestán,
donde yacía un cuerpo conocido.
En su pecho humeaba una herida negra,
y de ella manaba sangre helada.