A ***
No creas que soy digno de piedad,
aunque sombrías sean hoy mis palabras.
Tras mis crueles padecimientos
presiento desdichas aún mayores.
Soy joven, pero bullen en mi corazón sonidos,
y a Byron quisiera alcanzar. Idéntica
nuestra alma y también nuestros sufrimientos,
¡si uno mismo fuera nuestro destino!
Abrasada mi alma, como la suya, desde la infancia,
como él busco el olvido y la libertad,
el ocaso en las montañas, el mar espumeante
y el aullido de tormentas terrenas y celestes.
Como él busco en vano el reposo,
siempre arrastrado por una misma idea.
Si vuelvo la vista, el pasado me espanta.
Y ante mí ningún alma hermana reconozco.