EL ENCUENTRO

1

Tras la boscosa montaña

se apaga el rayo de la tarde,

apenas la rumorosa onda

de la cálida fuente brilla.

Están llenos los jardines

de una viva fragancia.

Calla Tiflis, humo

y niebla en la quebrada.

Vuelan los dañinos sueños

sobre los hombres pecadores,

y los ángeles custodios

hablan con los niños.

2

Tras la vieja fortaleza,

en la oscura montaña,

al pie de un joven plátano,

yazgo sobre una alfombra.

Y solitario pienso:

«¿No es cierto que en sueños

me has concedido un encuentro

en la tenebrosa noche?

Y, en esta hora secreta,

pero dulce para el amor,

a ti, mi única amiga,

te llaman mis sueños».

3

Abajo los fuegos de la guardia

solo brillan en el puente,

y los negros campanarios

se alzan como centinelas.

Con discreto paso

de los baños salen,

formando una blanca cadena,

mujeres georgianas en parejas.

Y por la calle vacía

avanzan sin apenas ruido…

Pero ¡bajo el largo chador

no puedo reconocerte!…

4

Tu casita de tejado plano

veo a lo lejos. La entrada

con los endebles peldaños

bañan las aguas del río.

Entre el frío viento que sopla

sobre el azul Kurá,

surge envuelta en la red

verde de la hiedra.

Tras el alto álamo

veo tu ventana…

Pero ¡no distingo el resplandor

de ninguna vela!

5

Espero. Confusa,

la mirada vaga en vano.

Impaciente desgarro

la alfombra con el puñal.

Espero con pesar estéril.

Me siento triste, angustiado…

La fría humedad

llega ya de oriente,

tras las brumas enrojecen

las crestas nevadas,

salen en sus caravanas

los mercaderes de la ciudad…

6

¡Atrás, atrás, oprobiosa lágrima!

¡Inflámate, alma mía!

¡Tu negra traición

ahora entiendo, serpiente!

Sé por qué risueño

por el sonoro empedrado

galopaba ayer con furia

un joven tártaro.

Por algo se pavonea

ante tu ventana,

y tu padre admira

su potro persa.

7

Cojo el largo fusil

y salgo de la muralla.

Bajo una peña solitaria

hay un estrecho desvío.

Hasta el mediodía espero

detrás de la capilla

y el polvoriento camino

con el fusil apunto.

¡En vano el pecho se agita!

Me tiendo entre las piedras.

¡Chis! ¡Se oye un rumor de cascos!

¡Ah, eres tú, miserable!

Un héroe de nuestro tiempo / Antología poética
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