CANCIÓN DE CUNA COSACA
Duerme, mi corazón,
duerme, mi niño, duerme.
La clara luna en silencio
alumbra tu cuna.
Te contaré un cuento,
te cantaré una canción.
Así, cierra los ojitos,
duerme, mi niño, duerme.
Por las piedras corre el Térek,
ruedan sus turbias olas.
El malvado checheno, puñal en mano,
se arrastra por la orilla.
Pero tu padre es un viejo guerrero,
templado en mil batallas.
Cierra los ojos, sin miedo.
Duerme, mi niño, duerme.
El día llegará, ya sabes,
de entrar en combate.
El apuesto pie en el estribo
y al hombro el fusil.
Una silla para la guerra
te bordaré de seda…
Cierra los ojos, mi vida.
Duerme, mi niño, duerme.
Será tu cuerpo el de un héroe
y tu alma la de un cosaco.
Saldré a despedirte
y me saludarás con la mano…
¡Cuántas amargas lágrimas
esa noche verteré a escondidas!
Qué dulce y sereno tu sueño, ángel mío.
Duerme, mi niño, duerme.
Me consumiré de pena
en espera inconsolable.
En rezos ocuparé los días
y en conjeturas las noches.
Y pensaré que te apenas
en regiones extrañas…
Descansa, que aún no sabes de fatigas.
Duerme, mi niño, duerme.
Te daré para el camino
un icono milagroso:
cuando le reces a Dios,
ponlo delante de ti.
Y al emprender el peligroso combate
acuérdate de tu madre…
Cierra los ojos, mi amor.
Duerme, mi niño, duerme.