MONÓLOGO
Créeme, insignificante es la dicha en este mundo.
¿Qué necesidad tenemos de conocimientos profundos,
sed de gloria, talento y ardiente ansia de libertad
cuando en nada podemos emplearlos?
Nosotros, hijos del norte, como las plantas locales,
poco tiempo florecemos y enseguida nos marchitamos…
Sombría es nuestra vida como un sol invernal
en un cielo nublado, y no menos fugaz
su monótona secuencia…
Y angustia vivir en la tierra natal,
se encoge el corazón, el alma languidece…
Sin conocer el amor ni la dulce amistad,
entre hueras tormentas se agosta nuestra juventud,
y pronto la ensombrece el veneno del odio,
amargo se nos vuelve el frío cáliz de la vida,
y ya nada podrá devolvernos la alegría.