Mi día perfecto
Padre Dice que nunca debemos subestimar el poder de los pensamientos. Dice que lo único que necesitamos para que se nos arregle el día es un Buen Pensamiento. Yo tengo unos cuantos buenos pensamientos. Éstos son algunos:
1) que el mundo está a punto de acabarse
2) que en realidad todo es muy pequeño
3) que estoy en la Tierra de la Decoración pasando mi día perfecto
El último es el mejor.
Espero que en la Tierra de la Decoración todavía haya cosas de este mundo, porque a algunas les tengo mucho cariño. Si pudiera juntar todas mis cosas favoritas en un mismo día, ese día sería perfecto, y sería así:
Para empezar estaríamos Padre, Madre y yo. Sé que Madre estará en la Tierra de la Decoración porque Dios ha prometido devolver los muertos a la vida si son fieles, y Madre está muerta y es la persona más fiel que conozco. En la congregación todavía hablan de ella, del ejemplo que daba, de cómo murió, de la confianza que tenía. Margaret todavía conserva un vestido que le hizo Madre, y Josie, un chal.
He intentado imaginar muchas veces que me encontraba a Madre, pero lo único que tengo son retazos. Sé, por ejemplo, que tenía el cabello y los ojos castaños, como yo. Sé que sonreía mucho, porque en casi todas nuestras fotografías aparece sonriendo. Sé que le gustaba hacer manualidades. Pero después tengo que echar mano de la imaginación.
Mi día perfecto sería uno de ésos en que te levantas y brilla el sol y no tienes nada que hacer y sí todo el tiempo del mundo. Ese día sería como una pompa de jabón que pasara flotando por delante de tu ventana. Sería como si abrieras la mano y se posara en tu palma, y la luz la acariciaría de esa forma que hace que parezca que sólo gira la superficie mientras el interior de la pompa permanece completamente quieto.
El día empezaría con Madre, Padre y yo desayunando, y mientras comemos yo se lo contaría todo a Madre sobre mi vida en este mundo y le diría que siempre había tenido muchas ganas de verla, y ella me explicaría cómo era estar muerto y me diría que siempre había tenido muchas ganas de verme. Entonces le enseñaría todo lo que había hecho con las cosas que ella había dejado y ella negaría con la cabeza como si no pudiera creerlo, me abrazaría y saldríamos fuera.
Sería uno de esos días en que todo resplandece y el mundo está hecho de parpadeantes motas de luz. Haría una temperatura agradable y olería a verano y los setos estarían cubiertos de perifollo y mariposas. En el aire habría vilanos de diente de león y típulas y libélulas que pasarían volando a toda velocidad y de pronto se quedarían casi inmóviles. Habría un prado que descendería hacia un río, con la hierba lo bastante alta para perderse en él, y flores y árboles, y a lo lejos quizá el mar. Madre me cogería una mano y Padre me cogería la otra y parecería mentira que aquello estuviera sucediendo de verdad, porque siempre sólo me lo había imaginado, pero tendría que creerlo porque sería real.
Iríamos caminando por el prado. Habría muchas clases de hierbas diferentes, y la hierba se nos metería en los zapatos y en los bajos de los pantalones y dentro de los calcetines. Y habría un perro lanudo con una oreja tiesa y la otra caída que iría dando brincos delante de nosotros. El perro se alejaría corriendo y en ese día perfecto yo sabría silbar y lo llamaría para que volviese.
Pero a Padre no le gustan los perros porque dice que transmiten gérmenes, de modo que no dejaríamos que el perro se acercara a él.
Entonces Madre señalaría con el dedo y divisaríamos una noria y oiríamos música a lo lejos. Pero Padre no aprueba las norias ni las ferias porque son peligrosas y sólo sirven para Malgastar el Dinero, así que Madre y yo iríamos solas.
Montaríamos en los autos de choque y bajaríamos a toda velocidad por el tobogán. Y cuando volviéramos a casa merendaríamos pescado y patatas fritas, y las patatas estarían crujientes por fuera y tiernas por dentro, y el pescado se desmenuzaría formando copos húmedos, y el rebozado crujiría cuando lo mordiéramos y luego rezumaría, y Madre y yo comeríamos con los dedos. Pero Padre no aprueba el pescado con patatas fritas, de modo que supongo que él comería verduras amargas o algo así.
Y habría un televisor. Quizá pueda parecer extraño que en el paraíso hubiera un televisor, pero a mí me gusta la televisión. Padre dice que la televisión reblandece el cerebro, pero él no tendría que verla. Podríamos verla Madre y yo cuando salieran las estrellas, en una caravana de gitanos que sería nuestra casa, tapadas con mantas, y fuera habría una hoguera y asaríamos salchichas pinchadas en palos y beberíamos ponche de grosellas. ¡Y me olvidaba de lo más importante! Esto iría antes: habría un globo aerostático.
Un día de verano, Padre y yo estábamos en el jardín de atrás y vimos pasar un globo. Parecía una bestia de las profundidades del mar. Vi pasar la sombra, oí sus llamaradas y anhelé ir a donde iba aquella gente.
Sí, seguro que habría un globo aerostático y montaríamos en él. O quizá sólo montaríamos Madre y yo, porque Padre tampoco aprueba los globos aerostáticos. Dice que son peligrosos y que si te pasara algo montado en uno de ellos no tendrías Ninguna Posibilidad. Lo que quiere decir es que si el globo explotase en el aire te abrasarías o caerías al vacío y te matarías. Pero yo creo que la sensación de volar merecería correr el riesgo.
No sé cómo sería el día perfecto de Padre. Supongo que estaría lleno de Cosas Necesarias como el estudio de la Biblia y predicar y reflexionar y Ahorrar Electricidad y Estar Callado y No Malgastar Para No Pasar Necesidades. Y si es así, todos sus días son perfectos.
O tal vez su idea de un día perfecto se haya desvanecido hace mucho tiempo y ya no recuerde lo que hay que hacer para imaginar otro nuevo.