Por qué ver de verdad es creer
La gente no cree en muchas cosas. No cree en los políticos, no cree en los anuncios y no cree en lo que pone en los envases de alimentos de la Cooperativa. Mucha gente tampoco cree en Dios. Padre dice que eso es porque la ciencia ha explicado tantas cosas que pensamos que deberíamos saber cómo sucede todo antes de creer en ello, pero yo sospecho que hay otra razón.
Pienso que la gente no cree en las cosas porque tiene miedo. Creer en algo significa que corres el riesgo de equivocarte, y si te equivocas puedes hacerte daño. Por ejemplo, yo pensaba que podía dar toda la vuelta a mi habitación subiéndome a las cosas y sin tocar el suelo, y el día que me caí me hice daño. De las cosas importantes, como saber si alguien nos quiere o si algo saldrá bien, nunca estamos seguros del todo, y por eso intentamos creer en ellas; mientras que de las cosas que no necesitamos cuestionarnos, como la fuerza de la gravedad y el magnetismo y el que las mujeres sean diferentes de los hombres, estamos tan seguros que podríamos apostar la vida, pero no hace falta.
Antes me preocupaba cuando Padre decía que no debíamos creer ciegamente en Dios porque las pruebas para demostrar su existencia son o excesivas (según el apóstol Pablo, «inexcusables») o insuficientes (según Richard Dawkins, un científico con el que a los hermanos les gusta discutir, «majaderías supersticiosas»). Me preocupaba que eso significara que pensaba por mí misma. Pero creer no sólo tiene que ver con las pruebas, y voy a explicar por qué.
Diferentes personas pueden examinar una prueba y extraer conclusiones diferentes. El señor Williams, el director de la escuela, dijo que yo era «extremadamente inteligente» para mi edad, y por eso soy un año más pequeña que el resto de mi clase, y el señor Davies dice que tengo un dominio del lenguaje asombroso para una niña de diez años. Pero Neil Lewis opina que soy una tarada. El señor Davies nos habló de los fósiles y dijo: «Así fue como evolucionaron los seres vivos», pero Padre dice: «Las mutaciones nunca sobreviven.» El señor Davies cree que la religión es un espejismo. Padre y él mantuvieron un debate en la última reunión de padres. El señor Davies dijo que había que enseñarme la verdad sobre la creación del mundo, y Padre dijo que ésa era su verdad y no la nuestra.
En el espacio hay espejismos, cruces y arcos y círculos que son los reflejos de galaxias que existieron hace billones de años y que nos muestran lo que ocurrió en el pasado, y Padre dice que los científicos quieren ver las cosas tanto como las personas religiosas; dice que dan saltos continuamente. El registro de fósiles de la evolución no es muy bueno, pero los científicos ya habían decidido que no iban a aceptar la Creación, y por eso fabricaron fósiles falsos y los enterraron. Y parece extraño que unos científicos hagan eso. Pero los científicos dan saltos de fe todo el tiempo porque tienen que hacer muchas conjeturas y esperar mucho, y algunos de los mejores descubrimientos, como los de Einstein, se realizaron así. Padre dice que los únicos que no dan saltos son los agnósticos.
Los científicos dicen que los milagros no pueden existir porque son milagrosos, pero eso no tiene sentido, porque ellos creen en muchas cosas milagrosas, como que el universo surgió de la nada, aunque las posibilidades de que así sea son matemáticamente imposibles. En otros tiempos la gente creía que un eclipse solar significaba que Dios estaba enfadado, pero ahora ya no es un milagro porque nosotros lo entendemos, y tampoco lo son la radiactividad ni los aviones ni los gérmenes, aunque hay cosas, como las abejas, que sí lo son porque todavía no comprendemos cómo pueden volar. Algún día alguien dará una explicación y entonces también dejarán de ser un milagro.
Da que pensar que haya tantas cosas milagrosas, como las probabilidades de que pase con el cepillo de dientes por el mismo punto exacto de la boca por donde he pasado unos segundos antes, o que durante la cena mi salsa de tomate salpique en la nariz a Padre, o de que yo sea yo en lugar de millones de otras personas. Pero son probabilidades muy pequeñas y una abeja tampoco es un milagro, sólo una cosa maravillosa, porque los milagros están pensados para ocurrir.
Creer en algo no depende de las pruebas que haya ni de la capacidad para explicarlo. Aunque la gente no pueda explicar una cosa —como haber visto un fantasma o haberse curado de una enfermedad—, cuando lo han experimentado lo creen, aunque se hayan pasado toda la vida diciendo que eran tonterías. Y eso significa que los que dicen que algo es imposible seguramente nunca lo han experimentado.
Quizá quieran justificarlo y buscar una explicación racional, desde luego. Pero hacen lo mismo que hace Padre y pasan por alto lo más importante. Que es que los milagros son lo que ves cuando dejas de pensar, y que ocurren porque alguien los ha hecho y porque alguien, en algún lugar, tenía fe.