CAPÍTULO 36

 

 

 

 

 

—¡Tío, Darrell! —exclama Jason en cuanto Lea y yo entramos en casa, después de pasar todo el día en la playa de Waveland.

El pequeño corre hacia mí, entusiasmado, y se abraza a mis piernas.

Jason es el hijo mayor de mi hermana Jenna. Un niño despierto, de cabello rubio y ojos azules que siempre ha sentido cierta predilección por mí.

Me agacho para estar a su altura y le alboroto el pelo.

—Campeón… —digo—. ¿Me das un abrazo? —le pregunto, extendiendo los brazos.

Jason se queda quieto como una estatua de mármol y frunce el ceño ligeramente.

—¿Quieres que te abrace? —me dice, visiblemente extrañado por mi petición.

—Por supuesto —respondo.

Jason se lanza a mí y me rodea el cuello con sus cortos brazos. No me sorprende su reacción ni su extrañeza. Mis sobrinos, tanto los hijos de Jenna como los hijos de Andrew, aunque no conocen mi enfermedad, saben que no soy dado a demostraciones de afecto, abrazos, besos y demás, y pese a que son unos renacuajos, siempre lo han respetado.

—Quítate ya, Jason —le increpa con su voz infantil Jane, su hermana melliza. Una niña rubia y de ojos azules como él—. Yo también quiero abrazarlo —dice, empujando a Jason por el hombro para apartarlo de mí.

—Hola, princesa —digo, cuando consigue apartar a Jason y abrazarme.

—Eres una tonta, Jane —se queja Jason.

—Tú eres más tonto que yo —se defiende Jane.

—Niños, por favor…

La que llama la atención a los niños es Jenna, mi hermana. Cuando Jane me suelta, me levanto, me acerco a  ella y le doy un par de besos en las mejillas.

—Hola, Darrell —me saluda afectuosamente.

—Hola, Jenna.

—Ya me ha contado mamá… —me murmura al oído en tono confidencial.

—¿Te lo ha contado todo? —pregunto.

—Sí. —Asiente con la cabeza—. Por cierto, Lea es preciosa —añade con complicidad. Se separa de mí y se gira hacia Lea—. Tú debes de ser Lea —dice, con una sonrisa que esboza de oreja a oreja.

—Sí —afirma Lea.

—Yo soy Jenna, la hermana de Darrell.

Da un par de pasos, se aproxima a Lea y le da dos besos.

—Encantada, Jenna.

—Igualmente, Lea —asiente Jenna con amabilidad—. Estos son mis hijos: Jason y Jane.

Jane se planta delante de Lea con los brazos en jarra.

—¿Tú eres la novia de tío Darrell? —le pregunta indiscreta.

—Sí —responde Lea.

—¿Y eres una princesa?

—Ella es una reina —intervengo yo.

—¿Una reina? ¿Cómo las de los cuentos?

—Sí, como las de los cuentos —digo.

—¡Hala! —exclama Jane, con los ojos a punto de salírsele de las órbitas—. Tienes un pelo muy bonito y muy largo—comenta con expresión de admiración—. ¿Luego puedo hacerte un peinado de reina? —le pregunta a Lea.

—Sí, claro que sí —responde Lea sonriente—. Puedes hacerme el peinado que quieras.

—Hola, Lea. Yo me llamo Jason, y soy hermano de la tonta de Jane —interrumpe Jason, devolviéndole el empujón a Jane y poniéndose delante de Lea.

—Tú sí que eres tonto —salta Jane.

Lea trata de disimular la risa, pero a duras penas lo consigue.

—Jason, no llames tonta a tu hermana —le amonesta Jenna—. Pídele perdón.

—No quiero.

—Jason, tu hermana no es tonta. Venga, pídele perdón —insiste Jenna.

—No quiero, mamá.

—Jason, si no le pides perdón te quedarás sin postre.

Jason chasquea la lengua, molesto, pero acaba rindiéndose, aunque lo hace de mala gana.

—Perdón.

—Eso está mejor —dice Jenna.

Jenna nos mira alternativamente a Lea y a mí y resopla, poniendo los ojos en blanco.

—Esto, y cosas parecidas, es lo que os espera… —nos comenta en un tono mezcla de resignación y diversión—. Por cierto, ¡enhorabuena! —nos felicita sonriente.

Cuando nos dirigimos hacia el salón, Jason saca la lengua a Jane.

—Mamáaaaa… —grita Jane.

Giro el rostro y miro a Lea, que se echa a reír sin que le vean los niños. Me acerco a ella y la tomo de la cintura con toda naturalidad.

—Vamos a tener que armarnos de paciencia cuando nazcan nuestros pequeños —le comento.

—De muuucha paciencia —dice Lea.

—Pero va a ser maravilloso —añado satisfecho, al entrar en el salón.

De pronto, siento un pellizco en el corazón.

—Sí, Darrell, va a ser maravilloso —afirma Lea, apoyando la cabeza en mi hombro.

En el salón están mi madre y Josh, el marido de Jenna.

—Buenas noches, Darrell —me saluda, alargando el brazo hacia mí.

—Buenas noches, Josh —digo, estrechándole la mano—. Josh, ella es Lea, mi novia. Lea, él es Josh, mi cuñado, el marido de Jenna.

—Encanto de conocerte —dice Josh, dándole un beso en cada mejilla.

—Igualmente —contesta Lea.

—Por cierto, muchas felicidades por vuestra próxima paternidad —apunta—. Aquí tenéis una prueba de lo que os viene —añade sonriendo, señalando a Jason y a Jane, que andan correteando de un lado a otro del salón.

—Muchas gracias —respondemos Lea y yo a la vez.

—Buenas noches, familia —dice una voz masculina a nuestra espalda.

Todos nos giramos y miramos hacia la puerta. Es mi hermano Andrew, el pequeño de la familia.

—Hola, hermanito —me dice, dándome unas palmaditas en la espalda cuando pasa a mi lado.

—Hola, Andrew —le saludo.

—¿Ella es Lea? —pregunta, dirigiéndose a Lea.

Me queda claro que mi madre se ha encargado de que la noticia de mi noviazgo con Lea y de que está embaraza corra como la pólvora dentro de la familia.

—Sí —afirmo.

—Vaya… Tienes muy buen gusto, hermanito —observa sin ninguna maldad—. Encantado de conocerte, Lea. Yo soy Andrew, el hermano pequeño de «Mister serio» —se presenta.

A Lea se le escapa una risilla ante la ocurrencia de Andrew.

—Hola, Andrew. Soy Lea.

—No necesitas presentación. En solo unas horas, te has convertido en la persona más famosa de la familia —le comenta.

—Oh, vaya… —dice Lea, ligeramente sorprendida.

—¿Y Lily? —interviene mi madre—. Pensé que iba a venir contigo…

—Tenía guardia en el hospital, mamá, y no ha podido venir —responde Andrew—. Ya sabes cómo funcionan estas cosas.

—¿Y la prima Alice y el primo Alan, tío Andrew? ¿Dónde están? —le pregunta Jason, buscando a su alrededor con la mirada.

—Están de campamento, pequeñín —le responde.

—¡Jolines! Yo quería jugar con ellos —se lamenta Jason.

—La próxima vez vendrán y podrás jugar con ellos, ¿vale? —dice Andrew, alborotándole el pelo rubio.

—Vale —contesta Jason.

Se da media vuelta como si no hubiera pasado nada y sale corriendo a molestar a su hermana.

—Janeee…

—Mamáaa…

—Por cierto, Darrell, enhorabuena —me felicita Andrew entre la algarabía de los niños—. Ya me ha dicho mamá…

—… Que Lea está embarazada de mellizos —termino la frase por él.

—Sí. Qué puntería, hermanito.

—Ya sabes que donde pongo el ojo, pongo la bala —ironizo.

—Ya veo, ya… Ahora en serio; enhorabuena a los dos —dice Andrew, dejando el tono de broma a un lado—. Me ha explicado mamá la evolución que ha sufrido tu enfermedad gracias a Lea. Me alegro mucho. Mucho, Darrell.

—Lo sé, Andrew. Sé que te alegras por mí.

—Te mereces ser feliz. Te mereces lo que te está pasando; enamorarte, formar una familia… Tener una vida… normal.

—Gracias —le digo.

—Todos a la mesa —prorrumpe mi madre.

Busco a Lea con la mirada. Está hablando animosamente con Jenna.

 

 

 

 

 

La petición del señor Baker
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