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Nueva York
El que estaba a cargo del cuaderno de identificación se llamaba Gordon, de la oficina de la CIA en Nueva York. Más bajo y obeso que Whistler, pero rezumando la superioridad natural de los mejores de Langley.
—Caballeros, si no les importa apartarse de la mesa cuando abra el cuaderno, muchas gracias. Estas son imágenes clasificadas. No necesito recordarles que nos encontramos en una situación altamente inusual, enseñando fotos de agentes de la CIA a un criminal.
Whistler oyó que su jefe soltaba un suspiro de indignación antes de asentir.
Gordon colocó el cuaderno sobre la mesa frente a Blackburn. Todos observaron mientras pasaba las páginas. Había cincuenta fotografías en el cuaderno. Blackburn se tomó su tiempo. A pesar del café, lo que quiera que le hubieran dado para sedarle aún continuaba actuando en su sistema, haciendo que se le cayeran los párpados de sueño. Rememoró al verdugo de Harker con el turbante. Recordó el rostro en la pantalla de seguridad del banco. Solomon, el nombre que Al Bashir había formulado en su último aliento. Pasó las páginas, examinando los rostros uno por uno.
Uno de los tipos de Seguridad suspiró y miró su reloj. Iba a tomarse su tiempo. Quería hacerlo bien por si era la última cosa útil que pudiera hacer.