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Espacio aéreo al norte de Irán

Kroll se sentó delante, al lado de Dima. Detrás, Vladimir rebuscó en el botiquín de primeros auxilios del helicóptero y comenzó a atender a Darwish que estaba tendido en el suelo del compartimento trasero.

—Nos vendría bien un poco de sangre. ¿Alguien se ofrece? —Se golpeó la cabeza contra el mamparo cuando Dima giró bruscamente con el aparato hacia la izquierda.

—Perdón a todos. Líneas de alta tensión.

Las manos de Kroll, con los nudillos blancos por el esfuerzo, se aferraban a los lados de su asiento.

—¿Cuándo fue la última vez que volaste en uno de estos?

—¿Quieres llevarlo tú?

—Ya sabes que odio estos cacharros.

—Haz algo útil. Quiero hablar con Omorova.

—Bueno, si estás empalmado tendrá que esperar.

Dima le dictó el número privado que ella le había facilitado la última vez que hablaron. Cuando Kroll consiguió comunicación la desvió a los auriculares de Dima.

Su voz tenía el mismo tono adormilado de la última vez.

—¿Tiene que llamar siempre en mitad de la noche? Está empezando a ser una costumbre.

—Al parecer es cuando más la echo de menos. Lo que me da mucho que pensar.

—¿Qué es todo ese ruido?

—Un helicóptero que he tomado prestado.

—Veo que está ascendiendo en la escala social. ¿Qué tal va la misión?

—Fatal. Kaffarov ha muerto. Los dispositivos nucleares están desaparecidos. Unos gorilas intentaron tendernos una emboscada.

Han dado una alerta de búsqueda por todo su equipo. Le encantará esto: «Buscados en relación con el tráfico de armas nucleares».

Tiró del mando hacia sí para esquivar otro cable de electricidad, mientras su cerebro intentaba asimilar lo que estaba escuchando.

—¿Entonces por qué habla conmigo? No creo que sea muy favorable para su carrera.

Ella suspiró de forma bastante seductora.

—Mi carrera no va a ninguna parte. Todos los que participábamos en la operación hemos sido apartados.

—Tengo que ver a Paliov.

—Está bajo arresto domiciliario. En su lugar yo me mantendría lejos del espacio aéreo de Moscú.

—Solo dígame dónde está. Y necesito todo lo que pueda conseguir de un antiguo Spetsnaz, agente de la CIA y últimamente aliado del PLR, llamado Solomon o también conocido como Suleimán. ¡Por favor!

—Necesito volver a dormir.

—¿Me creería si le digo que el futuro del mundo depende de eso?

Está bien, está bien. Llámeme más tarde.

Y colgó.

Vladimir se inclinó por encima del asiento de Dima y, retirándole uno de sus auriculares, anunció:

—Darwish ha muerto. Lo siento.

¿Cómo demonios iban a decírselo a Amara?, pensó Dima, pero siguió la mirada de Vladimir: la joven estaba inclinada sobre el cuerpo de su padre, llorando en silencio.