24
Campamento Luciérnaga, afueras de Teherán
Desde lejos, la colina que se erguía sobre el suroeste de Teherán tenía el aspecto que debía, nada fuera de lo común, que era exactamente lo que tenía que parecer en ese momento. Escondido bajo una red de camuflaje estaba el pelotón de Black, tomándose un respiro tras la larga marcha hacia el este, internándose directamente en el Irán devastado por el terremoto.
¿Un descanso? No tendrían esa suerte: sobre la ciudad, los cazas y bombarderos se hallaban en plena batalla con las defensas antiaéreas de tierra, llenando el aire de estallidos, explosiones y silbidos de cohetes. La atmósfera era tan densa por el polvo del terremoto que casi podían masticarla.
Campo se metió lo que quedaba de una barrita energética en la boca.
—Los chicos del aire están desplegando unos bonitos fuegos artificiales ahí arriba. Como los del día de la Independencia.
Matkovic yacía sobre su espalda, su cabeza descansando sobre sus manos enguantadas.
—¿No ta’ enseñao’ tu mami? No se habla con la boca llena, colega.
Montes jugueteaba con sus gafas de visión nocturna que estaban medio estropeadas.
—No creo que nadie en Teherán se sienta ahora mismo demasiado independiente.
—Cierra el pico, Montes. Solo procura hacer tu trabajo, ¿de acuerdo?
Durante todo el lento camino hacia el oeste desde la frontera habían visto pósteres gigantes de Al Bashir pegados sobre anuncios publicitarios.
—Deberíamos intentar mantenerlos fuera de las calles, en los búnkeres.
—El problema con los terremotos es que sacan a todo el mundo de los edificios.
—Cole dice que las imágenes de satélite muestran un gran éxodo hacia el norte. Solo deberíamos estar nosotros.
—Sí, muy bonito: solo nosotros y el alto mando del PLR.
Cerca de su posición, al borde de la ciudad, los altavoces del PLR atronaban con la voz de Al Bashir, ráfagas intermitentes de farsi penetrando entre el estrépito del bombardeo sobre la ciudad.
«... reclamaremos la devolución..., con espadas derrotaremos al invasor...».
Black dio un ligero codazo a Matkovic, que también sabía un poco de farsi.
—Van a necesitar algo más que espadas cuando entremos en la ciudad.
Matkovic se retorció.
—Si no se calla de una jodida vez voy a aplastar ese megáfono, tío.
Frente a ellos, al pie de la colina, al otro lado de un paso elevado, había un edificio de apartamentos. En las plantas superiores, los del PLR estaban instalando un nido de ametralladoras.
Black se tensó, señalando hacia la penumbra colina abajo.
—¿Veis eso?
—Jodidas gafas de visión nocturna. —Montes lanzó sus gafas al suelo—. Justo cuando vamos a lanzarnos sobre Teherán y se nos acaban las pilas.
—Se acercan camiones militares blindados.
Matkovic se levantó y miró hacia donde Blackburn estaba señalando.
—¿De dónde coño han salido? Ni siquiera estamos todavía en posición de apoyo.
Un convoy de cinco Humvees se dirigía por la entrada oeste hacia la ciudad. Cole se deslizó bajo el camuflaje y se apoderó de la radio.
—Labrador, aquí Rebelde, no tenemos el objetivo asegurado. Repito, objetivo no asegurado. Mantenga su posición, corto.
Silencio en la radio. La temperatura de Cole iba en aumento.
—Vamos, contesta de una jodida vez, Brady.
Al escuchar el nombre, Blackburn y Montes intercambiaron una mirada.
—La tribu de los Brady8 está en la ciudad. ¡Estamos salvados!
Querido y odiado a partes iguales, el Teniente Brady tenía reputación de ser muy duro con sus hombres, además de la costumbre de interpretar las órdenes a su manera, y si había alguna gloria en ello, apropiársela por entero. De treinta y dos años, fuerte como un toro y con aspecto de llevar en el ejército desde que empezó a caminar, Brady era lo opuesto en todos los sentidos al enjuto y cerebral Cole.
Cuando la respuesta llegó por fin, la voz de Brady sonó distorsionada por las interferencias y llena de impaciencia.
—Rebelde 2, no vamos a parar. Más vale que ponga su culo en posición y cubra nuestro avance. Corto.
—Esto es una mierda.
Cole sacudió la cabeza y llamó por radio:
—A todas las unidades Rebelde, estamos en misión de asalto, repito, estamos en misión de asalto. Mantengan su posición. Corto.
La colina pareció cobrar vida cuando más de cuarenta infantes de marina surgieron de debajo de la red de camuflaje y avanzaron colina abajo hacia el paso elevado. En el grupo de Black, Montes y Matkovic lideraban el camino, Campo siguiéndoles con el mortero. Cuando la unidad llegó a la protección del paso elevado, Cole llamó por radio.
—Necesitamos cartuchos de iluminación en el aire ya, tenemos que disparar a corta distancia. ¡Ya!
La primera ráfaga enemiga apareció antes de que hubiera terminado de hablar. Blackburn saltó hacia delante hasta el grupo de hombres que estaban instalando el mortero, fijando el tubo y dándole ángulo.
Campo llevaba el estuche de munición. Sacó un proyectil blanco con marcas negras.
—Ponlo directamente. Un cartucho de iluminación. Media carga. Elevación uno cero nueve.
—¡Proyectil arriba!
Matkovic ajustó la espoleta a la base del proyectil.
—¡Proyectil arriba!
—Ponlo sobre la boca.
Deslizó el proyectil en el tubo y lo sostuvo cerca del borde.
—Colocado.
—¡Dispara!
Con un fluido movimiento, Matkovic impulsó el proyectil hacia abajo y se agachó tras el cañón. Un brillante destello de luz iluminó su posición durante una fracción de segundo, antes de que la carga estallara muy por encima de ellos y alumbrara toda la zona.
Encontraron cobertura detrás de un muro de piedra bajo, con el paso elevado y un canal entre ellos y el bloque de apartamentos. El edificio parecía estar severamente dañado por los temblores, toda la estructura inclinada hacia un lado, fragmentos de hormigón balanceándose, colgando de retorcidas barras de metal. Los pocos árboles que aún seguían en pie estaban desgajados y sin hojas. Avanzaron hacia el primer muro entre ellos y el edificio. Un mortero surcó el cielo y uno de los laterales del muro desapareció entre una nube de escombros. Tropas del PLR salieron precipitadamente de la estructura destruida.
Black fue el primero en llegar a los restos del muro. Al otro lado había un canal de desagüe de hormigón. No había más sitio a dónde ir que meterse dentro. Se aplastó contra el lado opuesto, lejos del fuego del PLR.
Montes saltó dentro tras él.
—Bienvenidos a Teherán. Por favor, dejen las instalaciones en las condiciones en que las encontraron.
Golpeó a Blackburn en el hombro y señaló con el dedo. Más allá de una pila de escombros, el canal había quedado bloqueado por el cadáver de una vaca que yacía de lado, totalmente hinchado de gas.
—Más vale no disparar a eso.
Según lo decía, el cadáver recibió un impacto directo, impregnándoles de un repugnante fluido apestoso.
—Mierda y mierda.
—Tú lo has dicho, tío.
Una bengala pasó por encima de ellos, iluminando un nido de ametralladoras en la segunda planta.
Blackburn lo cubrió de balas mientras corrían hacia el lateral del edificio.
—Destrózales el culo. Yo te cubriré. Suelta esa granada.
Montes tiró de la anilla comprobando durante una centésima de segundo que había quitado tanto la anilla como el clip, y soltó la granada. El nido de ametralladoras se disolvió en una nube de hormigón.
Ahora la columna de los Humvees había avanzado bajo el paso elevado girando a la izquierda hacia la ciudad. Un destartalado camión Nissan, medio cubierto por los escombros de un edificio derruido, les bloqueaba el paso. Blackburn estaba a cincuenta metros. Podía ver al Teniente Brady gritando mientras media docena de sus hombres trataban de retirar el obstáculo. Dos artilleros daban cobertura con las ametralladoras montadas en la torreta del Humvee.
Montes se acercó por detrás de Black.
—Cabezapolla no debería haber seguido adelante. ¿Qué tiene en el culo?
Brady les vio.
—Vosotros, ¿qué demonios estáis mirando? Venid aquí abajo y ayudad a mover ese jodido camión ahora mismo.
Empezaron a correr hacia el convoy mientras uno de los artilleros del Humvee se desplomaba. Brady señaló hacia la dirección de donde había venido.
—Fuego de limpieza. ¡Ya!
Montes, Matkovic y Campo dispararon hacia el edificio. El bloqueo fue despejado. Brady volvió a comunicarse por radio con Cole.
—Rebelde 2, aquí Labrador, necesito apoyo inmediato aquí, corto.
Escucharon la respuesta de Cole en sus auriculares.
—Son todos suyos, corto.
Brady señaló a Black.
—Tú harás de escopetero conmigo. Sube a bordo, soldado. Próxima parada: Ministerio del Interior. Vamos a atrapar a Bashir. —Brady se colocó al volante, Blackburn a su lado—. Aquí Labrador, nos movemos hacia el ministerio, cambio.
—Labrador, aquí Rebelde, Ojo de Águila informa sobre personal corriendo, entrando y saliendo del edificio. El Objetivo Prioritario debe ser asegurado, repito, asegurado, ¿recibido?
—Perfectamente, recibido. Corto.
Brady sonrió a Black.
—Vayamos a la busca.
Pasaron por delante de otro par de altavoces del PLR, aún transmitiendo el mensaje de Al Bashir. Brady viró contra estos riéndose como un maniaco cuando fueron aplastados por las ruedas del Humvee. Entonces, sin previo aviso, un coche apareció delante de ellos, justo donde la carretera se estrechaba. Brady pisó el freno.
—¡Emboscada! ¡Marcha atrás! ¡Marcha atrás! —Un RPG silbó por encima de ellos seguido por un nuevo tiroteo—. ¡Que todo el mundo retroceda!
El convoy hizo un alto. El artillero de la torreta de Brady disparó hacia el coche, que estalló en llamas, pero las balas seguían llegando desde una ventana más arriba. Unos preciosos segundos se escaparon mientras cada vehículo daba marcha atrás, el fuego de disparos lloviendo sobre ellos y el aire llenándose de polvo al tiempo que las balas trazadoras rebotaban hacia el cielo. El artillero de la torreta gritó y cayó de costado, con el rostro casi desaparecido. Brady agarró a Blackburn por el hombro.
—Sube allí arriba. Haz que se enteren, soldado.
El hombre muerto se desplomó en el asiento detrás de Brady mientras Blackburn ocupaba su lugar y el Humvee se movía marcha atrás.
Brady estaba otra vez gritando por radio.
—Rebelde, aquí Labrador. Tenemos fuerte oposición enemiga. Procedemos a localizar objetivo.
—Labrador. Asegure el nivel suelo. Alerta para Objetivo Prioritario. Ojo de Pájaro 2 está a cuatro kilómetros. Corto.
Despejaron la zona del tiroteo. Brady gritó a Black:
—Buen trabajo, soldado. Vayamos a cortar la cabeza de esa serpiente.
El Humvee avanzó descendiendo por una calle paralela a la que habían desocupado. Delante, una columna de humo brotaba desde un alto edificio con un enorme agujero en un lateral, como si hubiera sido alcanzado por un avión. Un Osprey apareció planeando por encima, los rotores dispersando el humo alrededor del edificio. Blackburn vio la ventanilla trasera abierta y a dos hombres armados en posición.
—Ojo de Pájaro 2 en posición. Carga preparada para descender, corto.
Los hombres descendieron por las cuerdas hasta el tejado del humeante ministerio. Brady giró el Humvee para aparcar y saltó fuera del vehículo antes de que este se detuviera. Blackburn miró a su alrededor buscando a Montes y a Matkovic, los vio y les señaló un lugar para parapetarse detrás de un autobús abandonado, pero los disparos alrededor del edificio habían parado.
Black les hizo un gesto señalando la entrada.
—Estamos contigo, jefe.
—Está bien, chicos: atentos a los simpatizantes mientras despejáis la zona.
La mayoría del personal o bien había salido despavorido o había buscado cobertura. El vestíbulo estaba inundado de cristales rotos, expedientes abandonados y cajas. El intento de evacuación había fracasado cuando los ocupantes se dedicaron a correr para salvar sus vidas. Papeles sueltos flotaban por el aire, levantados por el remolino causado por el Osprey. Pudieron escuchar sobre sus cabezas los gritos de los hombres que habían descendido en rápel, despejando habitaciones y plantas a su paso.
—Tenemos un fugitivo en la escalera.
Black se precipitó hacia delante en el mismo instante en que una figura salía por el hueco de la escalera, dudó un segundo y luego dio media vuelta para alejarse. Brady, distraído, se perdió el momento.
—Cogedlo, cogedlo.
Black se abalanzó sobre el hombre dejándole sin aliento. Una carpeta cayó de sus manos resbalando por el suelo. Brady, justo detrás, apoyó la boca de su M4 en la oreja del iraní.
—Déjamelo a mí. —Brady posó una bota sobre el hombro del hombre, pisando su insignia—. Coronel: muy bien. Prepárese a morir, Coronel. Su guerra acaba de terminar.
Black giró la cabeza del Coronel para que mirara a Brady. Durante un segundo pensó que Brady iba a dispararle a quemarropa, y se preparó para saltar y alejarse. Pero Brady tenía otra idea mejor. Recogió la carpeta del suelo y tranquilamente empezó a hojearla mientras se agachaba junto al iraní.
—¿Adónde piensa que se dirigía, señor? No quedan demasiados sitios adonde ir ahí fuera.
El Coronel susurró entre dientes mientras Blackburn apretaba su cabeza contra el suelo.
—... Cerdos, bastardos...
Brady mantuvo su tono indiferente.
—Sí, sí, esos somos nosotros. ¿Quiere morir ahora o cooperar y llevarnos hasta su líder?
—Han atacado a nuestro pueblo indefenso...
Brady golpeó la cabeza del Coronel con la carpeta y gritó:
—Su tiempo se ha acabado, Coronel. ¿Dónde está Bashir?
—De acuerdo, de acuerdo. No está aquí.
—¿Dónde entonces?
8. La tribu de los Brady fue una popular serie americana que se emitió desde 1969 hasta 1974. (N. de la T.)