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París
Dima intentó contener la rabia que le invadía. Lo intentó y falló. La rabia lleva a cometer errores, siempre se lo decía a sus reclutas. Y los errores pueden costarte la vida.
De no haber estado tan exhausto, de no haber transcurrido tanto tiempo desde que su cabeza reposara en una almohada, de no haber estado tan consumido por la expectación sobre el joven sin nombre de la fotografía, tal vez habría tenido el sentido común de dejar el detector donde estaba. Has visto lo que has visto. Para, mira y márchate.
Pero no lo hizo. Se agachó, lo agarró con su mano enguantada y lo sacó.
Hasta que no lo tuvo en su mano no vio los cables. Y luego el destello borró todo lo demás.