Capítulo 14

–¿Quiere explicarme cómo ha entrado aquí? —inquirió Dark.

Graysmith se cruzó de piernas y se reclinó en el sofá. Se había cambiado de ropa. Si esa tarde quería proyectar el aura de una profesional dura y fría, ahora la imagen era de relajada seguridad. Llevaba una camiseta de diseño y unos vaqueros…, elegancia informal. La clase de ropa que Sibby solía ponerse en su vieja casa de Malibú.

—Su sistema de seguridad es bueno —dijo ella—. Y veo que ha añadido usted algunas modificaciones propias. Pero no se ofenda si le digo que sigue siendo una especie de juego de niños comparado con los sistemas a los que estoy acostumbrada.

—Deje de intentar impresionarme —repuso Dark—. He hecho mis deberes. Creo que encontré lo que usted quería que encontrara. Su currículum sería el sueño húmedo de cualquier espía.

—Solo quiero que sepa que hablo en serio.

—Y yo la estoy tomando muy en serio.

—No lo creo —dijo ella—. En realidad, nadie lo hace. Ven mi sonrisa y piensan que soy una chica alegre.

Graysmith metió la mano en su bolso y sacó una fotografía. La colocó sobre la mesita de centro.

—Esta era Julie.

Dark asintió sin mirar la foto.

—Recuerdo cómo era.

Ella sonrió con una expresión de pesar.

—No se preocupe. No voy a contarle una historia triste. Julie era una hermana pequeña consentida. Yo era diez años mayor que ella y tenía la sensación de que habíamos crecido en dos hogares diferentes. Mis padres eran muy estrictos conmigo, pero con Julie siempre fueron mucho más permisivos. Eso me molestaba, era como si ella pudiera salirse siempre con la suya en cualquier situación, volver a casa tarde, beber, irse de fiesta con sus amigos. Me concentré en mi trabajo y pensé que Julie y yo llegaríamos a conocernos con el tiempo, cuando hubiera dejado de pensar que era una mocosa malcriada. Bien, nunca tuve esa oportunidad.

Dark no pudo evitarlo. Miró la foto y vio que Graysmith se parecía a su hermana pequeña. Los mismos ojos y la misma estructura facial. Las mismas orejas pequeñas y la nariz delicada.

—El asesinato de Julie destrozó a mis padres —prosiguió Graysmith—. En este momento están tramitando el divorcio, algo que es bastante común, según tengo entendido. A veces simplemente no puedes seguir adelante después de haber sufrido un golpe tan terrible. Tienes que ser una persona con una voluntad de hierro fuera de lo común para levantarte todas las mañanas después de haber perdido a un ser querido.

La forma en que la mujer miró a Dark parecía ser una invitación: «Vamos, usted perdió a su esposa de la forma más horrible que pueda imaginarse. Dígame que lo entiende. Dígame que comprende mi dolor».

—¿Qué me dice de usted? —preguntó él.

—Yo lo enfoqué clínicamente. Es lo que he hecho siempre. Si tienes un problema, solo debes unir las piezas que te ayuden a resolverlo.

Dark hizo girar la foto de Julie y luego la deslizó sobre la mesita hacia Graysmith.

—Y piensa que yo soy una de esas piezas.

—Sé que lo es. Es el mejor. Y no estoy halagando su vanidad. Es un hecho.

Dark la ignoró. Se dirigió a la cocina, cogió una botella de cerveza de un estante, la abrió y lanzó el tapón al cubo de la basura.

—Yo no soy lo que usted busca. Debería marcharse.

Bebió un largo trago de cerveza.

—¿Ya sabe lo de Paulson?

Dark apartó lentamente la botella de los labios. Paulson era el miembro más nuevo del equipo de Casos especiales. Había trabajado con él una vez, en un caso en Filadelfia. Lo último que había oído era que Paulson era su «reemplazo».

—Me acaban de informar de que ha muerto —dijo Graysmith—. Parece que es la segunda víctima de una serie.

—¿De qué está hablando? —preguntó Dark.

Graysmith levantó el pulgar.

—Martin Green fue el primero. Casos especiales envió a Paulson a la escena del crimen. —Luego el índice—. Ahora es Paulson. Quienquiera que haya cometido los asesinatos, no ha hecho más que empezar.

—¿Cómo sabe todo eso? —preguntó Dark.

—Tengo gente en Washington que me mantiene informada de cualquier cosa que se parezca siquiera remotamente a un asesinato en serie. Como le he dicho antes, me tomo este asunto muy en serio.

En ese momento, en la cabeza de Dark bullían un montón de ideas, pero sobre todo el horrible pensamiento de la muerte de un agente de Casos especiales.

—¿Qué le pasó a Paulson?

—Alguien lo empujó desde la azotea de su edificio de apartamentos. Solo tiene que decirlo y puedo mandarlo a la escena del crimen en Virginia antes de cuatro horas.

—¿Para qué?

—Para hacer lo que mejor sabe hacer.

—No —dijo Dark—. Casos especiales se encargará de este asunto.

—Sí, pero Casos especiales no es usted. Nunca han sido tan buenos como usted.

Dark apartó la vista.

Graysmith se levantó y se sentó rápidamente a su lado.

—Ese asesino no se detendrá. Tengo los recursos necesarios para atraparlo. El dinero, las herramientas, el acceso. Lo único que no tengo es una mente como la suya. Usted nació para cazar a esos monstruos, Dark, y creo que simplemente no puede dejar atrás un don como ese. Creo que ha estado esperando una oportunidad así desde junio. Bien, aquí estoy. Sin ataduras. No dirigiré sus pasos. No le daré órdenes. No influiré de ninguna manera en sus investigaciones. Solo le proporcionaré el dinero y las herramientas que necesite para su trabajo.

Cuando algo parecía demasiado bueno para ser verdad, siempre lo era.

—¿Qué me dice? —preguntó Graysmith.

—No —repitió Dark—. He terminado con esa parte de mi vida. Ahora puede irse.

—Se miente a sí mismo. Usted nació para hacer esto.

—Muy bien, lo he intentado de una forma educada. A ver qué le parece esto: lárguese ahora mismo de mi casa.

Graysmith lo miró un momento, casi rogándole con los ojos, pero luego se marchó sin decir nada. Dejó la foto de su hermana Julie sobre la mesita de centro.

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