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LLAMADA NOCTURNA

Ey —responde a mi llamada nocturna—. Siento no haberte dicho nada en todo el día. Ha sido una puta locura.

—No te preocupes, lo he imaginado. ¿Cómo ha ido?

—Bien. He llegado, me han presentado a todos… Curran unos diez, aunque no me acuerdo de ningún nombre salvo de Pedro, que ha estado todo el día conmigo enseñándome las cosas y tal. Muy majete. He comido con él y una tal Patricia, maja también. La verdad es que son todos muy de mi rollo.

—¿No hay arpías? —Me río.

—No creo. —Ríe él—. Al menos de momento todo me ha parecido correcto. Y como yo tampoco me meto en las rarezas de cada uno…

—Haces bien.

—Sí. Luego me han metido en mi puesto y nada, manejando las aplicaciones que usan, viendo los proyectos que tienen y ya aportando ideas. Ha sido interesante y me he sentido vivo currando. Es genial.

—¡Qué bien, Dani! Joder, me alegro en el alma.

—Lo sé. Ahora intento acordarme de todas las cosas.

—Bueno, date tregua. Ya sabes que al principio cuesta.

—Sí, pero tengo ganas. Me apetece, ¿sabes?

—Estás muy motivado y eso es muy bueno.

—Eso es. ¿Tú qué tal?

—Bien, sin novedad.

—¿La tienda?

—Un coñazo total. —Río.

—¿Y con estos, qué tal?

—Normal. Unas cerves, unas risas, cuatro brindis tontos y para casa.

—Bueno. ¿Y tu padre?

—También bien, señorito fiscal. —Me río.

—Ya. ¿Y por qué tengo la sensación de que algo no va bien?

—No seas tonto, va todo bien. Hoy ha sido un día normal, salvo que tú has cambiado de trabajo.

—Ya. ¿Le has dicho a tu padre lo de la novela?

—Sí. Y que muy bien y que se la deje leer cuando quiera.

—Genial, ¿no?

—Sí, muy bien.

—¿Y le has comentado que he acampado en su hogar estos meses?

—No. —Me río—. No me ha dado pie a eso. Pero sí le he dicho que habíamos dado un paso más y se ha mostrado contento.

—¿Sí? Pensaba que diría que soy demasiado «poca sustancia» para ti, como decía Yayi.

Reímos.

—Qué va. Le caes genial. Y a Yayi. Además, como él se ha echado novia imagino que tampoco querría decir nada negativo por si le venía de vuelta.

—¿Cómo? ¿Novia? ¡Lena! ¿Y eso?

—Ah, nada. —Disimulo para no acaparar la atención de su día—. Me ha dicho que había afianzado su relación con Laura, una mujer que trabaja en la editorial y que ha hecho este viaje con él, y que quiere que nos conozcamos.

—Joder. ¿Cómo no me lo cuentas?

—¡Estabas trabajando!

—¡Digo ahora!

—No es importante.

—¡¿Que no es importante?! —dice como atragantándose—. Lena, tu padre tiene una novia después de veintiséis años, el tiempo que ha pasado desde que falleció tu madre, y ¿no te parece importante? ¿Quieres dejar de fingir?

—¡Vale, joder! No te lo he contado porque he estado rara desde esta mañana, pero he intentado sortear un puto día de mierda como he podido pues da la casualidad de que era tu primer día de trabajo y no quería jodértelo, ¿vale?

—A ver, Lena —respira—, puedo con todo, ¿entiendes? Puedo tener un día de puta madre y responder a una llamada de mi novia si me dice que acaba de enterarse de que su padre tiene novia y se ha quedado tristona. Puedo llegar a casa tras un día que te cagas y escuchar a mi chica contarme motu proprio que ha sido un día de mierda para ella a pesar de lo mucho que se alegra por mi trabajo. Son cosas independientes, Lena. Nos tenemos que contar las cosas.

—Lo sé, pero no quería estropearte el día.

—Me estropeas el día cuando veo que no te comunicas conmigo. Otra vez.

—Dani, ¿a qué viene esto?

—Viene a que tengo que sacarte las cosas con excavadora, Lena. Y me canso también. Tu libro, tu padre, tus días malos… Entiendo tu espacio y tus parcelas, y me encantan; pero a veces pones tanta distancia que me haces sentir al margen.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Quieres que te diga que la comida que me ha costado preparar media mañana para recibir a mi padre se ha quedado en la nevera porque apenas ha pisado su casa, aunque lleve meses sin verme? ¿Quieres que te diga que saber de su novia me ha tenido en una contradicción andante todo el día porque por un lado entiendo y respeto esa relación, pero por otro me hace sentir que sobro? ¿Quieres que te diga que te he echado de menos a rabiar en la tienda y que ha dejado de tener sentido estar allí? ¿Quieres que te diga que tengo miedo a que el tema de vivir juntos se apodere de nosotros y abra una brecha en nuestra relación? ¿Quieres eso, Dani? ¿Tu primer día de curro?

—¡Pues sí! Es precisamente lo que quiero y ¡necesito! que me digas. Ponme en tu vida, Lena.

—Estás exagerando, Dani. Y sacando las cosas de su lugar. Sabes lo que me cuesta abrirme y sabes cómo van mis tiempos, pero nunca te había molestado.

—Porque antes ¡no éramos novios! La diferencia no es solo una palabra, es un compromiso. Sales con alguien porque quieres compartir con ese alguien tus cosas, pero tú sigues tratando esta relación como si solo folláramos, nos bebiéramos unas copas entre risas y poco más.

—¡Eso no es cierto! Yo estoy cien por cien comprometida con esto, joder.

—Sí, claro, por eso me cuentas las cosas y por eso vamos a seguir viviendo juntos.

—Mierda, Dani. Lo sabía. —Respiro audiblemente—. Sabía que el fondo de todo era eso. Te lo he explicado varias veces ya: quiero dar ese paso, pero despacio. Que no lleve el mismo ritmo que tú no significa que no quiera ir al mismo sitio que tú. Solo te pido que respetes un poco mis tiempos.

—Tengo miedo de que «tus tiempos» sean en realidad un eufemismo para no dar el paso. No solo de vivir juntos, sino también de todo lo demás.

—¿Qué demás?

—Que te impliques, Lena.

—Lo hago.

—Más.

Suspiramos.

—Estoy reventado, ¿hablamos mañana?

—Sí. Descansa.

—Y tú —dice, serio.

—Te quiero.

—Y yo.

Colgamos.

Miro por la ventana.

Y lloro.