«FIANNA»
Huyendo de la atmósfera enrarecida de la bodega, todos los pasajeros con fuerzas suficientes para subir la escalera habían salido a cenar a la cubierta. Acurrucados debajo de los macarrones, procurando guarecerse del viento cortante, tomaban las gachas a cucharadas.
Fergus bajó con un cuenco para Molly, pero cuando intentó alimentarla ella volvió la cara hacia la pared.
—No tomaré ese bodrio.
—Anda, Molly, sólo prueba un poco.
—No. Vete.
Estaba llorando otra vez.
Brighid descorrió la cortina y les miró.
—Dale sólo lo que le apetezca. No la fuerces.
—¿Qué tiene?
—Es sólo el mar..., volverá a estar contigo. Dame, déjame intentarlo.
Molly aceptó unas cuantas cucharadas de la anciana y luego cerró la boca. Un momento después tuvo violentas arcadas. Mientras Brighid la estaba limpiando, Fergus subió a fregar las ollas, cazuelas y platos. Al oler un humo resinoso, levantó la mirada y vio a Ormsby en la cubierta de popa, con un puro en los labios.
Al bajar de nuevo encontró a Molly acostada con una vara de endrino a su lado.
—¿Qué es esto?
—¿Qué?
—Esta vara en la cama.
—Dice que duerma con esto entre los dos.
—¿Por qué?
Miró alrededor en busca de Brighid.
—Los fianna14 dormían con las espadas en medio. Dormían con las espadas entre ellos: así se mantenían puros.
Los fianna eran soldados en las viejas leyendas, asesinos gigantescos.
—Nosotros no somos fianna. No quiero ser puro. Te quiero a ti.
—Sólo hasta que me encuentre mejor. Entonces me tendrás. Te lo prometo.