LA PENA DE MOLLY

Un grito agudo le despertó en mitad de la noche. Se quedó muy quieto, y el corazón le aporreó el pecho. El viento rechinaba en las paredes del chamizo. Era una noche inclemente y fría. Trató de convencerse de que sólo había sido el viento.

A él le habían pegado muchas veces. Con la mano abierta, con el puño, con un palo. Violencia muda, la que al parecer más admiraban los hombres. La humillación casi insufrible, mucho peor que el dolor.

El grito siguiente sonó tan rápido, como un pájaro sobresaltado, que casi creyó que no había oído nada.

En el olor mohoso de la noche florecía el miedo, que es el olor de estar solo.

Sin nada más que frío a tu alrededor, percibes fríamente el mundo, comprendes que todo lo demás es una mentira que te has contado a ti mismo.

Cuando ella volvió a gritar, no fue tan fuerte. Un grito breve, veloz. Un zorro pillado en un cepo.

Fergus se levantó del camastro, se vistió rápidamente y entró en el comedor, causando una desbandada de ratones asustados.

Unos pocos carbones ardían en la parrilla. Platos posados a la luz de la luna.

Oyó el crujido de la cama de hierro.

Cruzó el cuarto y cogió del estante la pistola de Muldoon. La pólvora y las balas estaban en una bolsa de piel. Lo cargó, meticulosamente.

Hueles a una chica que viene hacia ti, como un manzano en flor al viento. Excitación y exigencias, transformación, peligro. Una chica te despertaba y de repente estabas caminando en el bosque asombroso de tus sueños.

Cruzó el comedor y se detuvo delante de la cortina.

No le llegaba ningún sonido de dentro, ninguna voz, sólo el tictac del reloj del capataz.

El viento había cesado. Al cabo de un rato oyó la respiración profunda y regular de Muck.

Sólo haz un sonido. Grita. Entraré derecho y dispararé al tipo.

Muldoon empezó a roncar.

Parado justo delante de la cortina, estremecido, Fergus notó que su determinación se disipaba poco a poco. Finalmente descargó la pistola, volvió a dejarla en la estantería y volvió a su catre, donde se quedó dormido y soñó que Luke huía por la ciénaga perseguida por sus chicos. Estaba cubierta de arañazos y le habían estado lamiendo la sangre.

La ley de los sueños
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