13:55 horas

 

Esbértoli tuvo la precaución de esperar a que Sangriá estuviera ocupado para encerrarse en el despacho con sigilo.

Tomó el teléfono y marcó un número.

—Paco ya está en la calle —pronunció con un hilo de voz cuando escuchó el saludo del interlocutor.

—Lo sé. Se llevó unas buenas hostias que, debo reconocer, no le irán del todo mal.

—Además, ese sargentillo está ya fuera del caso. Ahora uno de los nuestros llevará las investigaciones.

—Perfecto. Por lo que a mí respecta, está todo listo.

—Supongo que en unas horas todo quedará solucionado —dijo Esbértoli.

—No sé, no sé... —vaciló con voz grave el interlocutor.

—¿Qué es lo que no sabes?

—Esta mañana han descubierto otro cadáver.

—Si me lo cuentas es porque piensas que está relacionado con el que ocurrió aquí.

—Tal vez. Parece que ambos muertos tienen puntos en común, según me han informado.

—¿Te lo ha dicho Zaragoza?

—¡Joder! ¡Nada de nombres por teléfono! Te lo he advertido.

Silencio en la línea, truncado solo por el sonido leve de una bocanada de puro habano.

—Ha ocurrido en una zapatería, nada que ver con lo nuestro, lo que ya de por sí distraería la atención de los maderos lejos de tu local, pero los indicios parece que apuntan al mismo autor.

—Así las cosas, tal vez mejor si abortamos lo de esta noche —propuso Esbértoli.

Otro silencio, este más dilatado.

—No —respondió ahora con determinación—. Sea lo que sea este nuevo caso, lo mejor es que cuenten cuanto antes con un culpable y dejen de hurgar de una vez.

—Bien —confirmó—. Llevaremos a Graciel.

—¿Cómo debo decirte que nada de nombres?

—Bueno, pero es un apodo...

—¿Por qué él?

—Nos resulta un tipo incómodo. Ese chico lleva semanas sentenciado.

—De acuerdo. Ten presente que lo principal es que no puedan relacionarlo con nosotros de ninguna manera. Actuar en el Zonga permitirá desviar la atención de la pasma lejos de tu establecimiento.

—Puedes estar tranquilo.

—A ese tal Graciel le esperará un tipo en una habitación que se hará llamar Leo.

—¡El futbolista!

—No es momento para bromas. —Otra calada intensa del puro—. Entretanto, una dotación estará a la espera de tu señal para intervenir.

Colgaron sin despedirse.