En ese mismo instante Lucía volvía del supermercado.
Dejó las bolsas de la compra en la cocina y fue temerosa hacia la habitación. Entreabrió la puerta sin osar traspasarla. Desde el exterior susurró con voz dulce:
—Cariño, ya puedes salir. Vengo de la calle y no he visto nada raro. Parece que todo vuelve a estar tranquilo. —Bajó la mirada al suelo—. Te buscan pero créeme, te juro que yo no les he dicho nada —anunció temerosa.