Agradecimientos
ESCRIBIR esta biografía llevó cerca de siete años. Fueron muchas las personas que me acompañaron durante todo este tiempo y que merecen mi reconocimiento.
Agradezco a Mónica Plöese la lectura de mis primeros manuscritos y sus excelentes sugerencias y comentarios. A Julia Saltzmann, mi editora, la invalorable confianza y el apoyo para la publicación de un material tan extenso y de autora novel. Gracias especiales a Sylvia Iparraguirre, por el estímulo. Mi reconocimiento a Gabriela Franco, coordinadora de esta edición, a Patricia Somoza, por su afinada lectura y sugerencias de edición, y a Silvia Santillán, por sus minuciosas observaciones. A María Minellono, por sus consejos, orientación y apoyo en el camino de la investigación académica. No puedo dejar de mencionar a Paula Maffia por su acompañamiento en los inicios del proyecto, así como a Rosario Castelli. He recibido una ayuda de incalculable valor de parte de Luz Freire, quien me alentó constantemente y corrigió las traducciones iniciales; fue un duro golpe perderla. El auxilio oportuno llegó de la mano de Marina von der Pahlen, quien también me brindó su amistad y ánimos para concluir la tarea. Mi agradecimiento a Dale Stinchcomb, de Harvard Theatre Collection, Harvard University, y a Karen Kukil, de Mortimer Rare Book Collection, Smith College, por su colaboración en la búsqueda de las imágenes publicadas. Silvana Adorno, Norma Basile, Juancho y Male Hollmann, Daniel Berenguer, Marta Roscardi, Ana Hollmann, Evelyne Bissone Jeufroy, Horacio Varela Roca, María Celia Gayoso, Lara Maksimovic de Bauer, Silvia Battistutti, Estela Ferrato, María Laura Garrido, Perla Gonilsky, Lía Selum, Elba Iriarte, Mónica Veli, Mateo Chimenti, Daniel Berenguer, Lara Pedrosa y Belmira Raimabault estuvieron, de una manera u otra, cerca de este libro.
Agradezco a mi familia, la cercana y la extendida. Y el apoyo constante de Horacio, mi marido, y de mi hija Miranda, que aprendió a leer cuando yo iniciaba esta biografía y pasó de preguntarme quién era la mujer que aparecía en las tapas de tantos libros que veía por la casa a manifestar, ya más crecida, su deseo de leer a Virginia Woolf, para saber por qué me interesaba tanto.