Capítulo 45

 

Sus caricias me despertaron, abrí mis ojos y giré mi cara para verlo, acercando la suya me besó con suavidad, yo estaba de espaldas a él así que me giré por completo para verlo, acariciaba mi cara.

—No tienes idea de cómo me encanta verte dormir —me susurró mientras me besaba con suavidad.

Era el siguiente día y me había dormido hasta tarde en el sofá del estudio esperándolo, él acababa de regresar de Segovia dejando a su familia y yo me había quedado en la residencia junto con Arabella quien dormía en la recámara de él después de cenar. Yo caí rendida por el sueño mientras estudiaba unos informes suyos que estaban atrasados y que debía traducir.

—Después de tanto tiempo de no hacerlo supongo que mi cansancio es natural —me estiré con placer—. Lo siento, me quedé dormida junto a tus informes.

—¿Aburridos? —preguntó sonriendo.

—Mucho —hice un puchero, volvió a besarme.

—Bienvenida a la vida real, ya pronto tu oficina estará lista —suspiró.

Sonreí satisfecha por la importancia y el lugar que él me daba.

—Gracias, ¿Qué hora es? —me saboreé.

—Faltan quince minutos para las diez —miró su reloj de puño.

Se sentó detrás de mí, nos reclinamos y masajeó mis hombros. Que bien se sentía eso.

—¿Ya comiste? —casi gemí al preguntar, sentía sus manos deliciosas.

—Sí cené con todos antes de salir de Segovia, traje algo y lo metí al refrigerador, tendremos que “recalentar” en el micro unos días hasta poder adaptarnos y terminar de amueblar todo, ¿y ustedes qué cenaron?

—Arabella me pidió pizza y por cierto aún no pruebo la de tu abuela.

—Ahora que volvamos a Toscana la hará, ya verás que ninguna se compara a la exquisitez que hace.

—¿Volveremos? —me abracé de él, me rodeó los hombros.

—La próxima semana, mis señores se irán pasado mañana pero nosotros debemos quedarnos y dejar todo en orden porque tardaremos más en volver.

—¿Y eso por qué? Te recuerdo de que debo ir a Inglaterra, no puedo posponer algunas cosas.

—Bueno déjame agendar mi tiempo estos días y te acompaño, no quiero que tú y Arabella viajen solas.

—¿Podrás?

—Por ti y por ella claro que sí.

—Me encanta ver tu faceta de padre y esposo.

—¿Esposo? —sonrió en mi sien enfocándose en lo último.

—Sí, te has comportado como tal desde que me llevaste a Toscana y me lo demuestras a cada momento y en cada detalle.

—Y es una lástima que no cumpla al cien por ciento el papel —susurró de manera sensual cuando ya besaba mi cuello—. No sabes cómo me encantaría hacerlo.

—Y creo que yo también quiero que lo hagas —cerré los ojos al estremecerme.

—¿De verdad? —reaccionó haciéndome verlo.

—Sí —confirmé.

Sonrió besándome al mismo tiempo, se excitó rápido, el deseo lo quemaba. Su respiración agitada, sus gemidos sobre mis labios y su lengua haciendo danzar a la mía comenzaron a llevarnos a otro nivel y sin darnos cuenta ya se había inclinado haciéndome quedar acostada en el sofá, ya estaba encima de mí. Lentamente comenzó a desabotonarse la camisa y de la misma manera, su mano bajó a mi muslo apretándolo y levantándome una pierna para ponerla en su cadera, su erección se apretó contra mí y gemí también pero al momento se detuvo, necesitaba controlar su respiración.

—¿Qué pasa? —pregunté desconcertada.

—Pasa que te amo y te deseo tanto que no mereces que te tome así la primera vez.

—¿Cómo? —me asombré, ahora era él el del dominio propio.

—Será nuestra primera vez Eloísa y debe ser especial no así, quiero superar tus expectativas, no quiero que sea un momento nada más, quiero que sea… algo memorable que recordemos siempre. Te deseo tanto que… ahora soy yo quien decide esperar para tener una noche que se quede en nuestra mente y corazón para siempre.

—Me asombras y haces que te admire más —sonreí acariciando su cara y a la vez las cicatrices de su pecho.

—Para mí eres esa preciosa y dulce doncella que espera ser tratada como una princesa y así mismo lo haré —no dejaba de recorrer mi perfil con la punta de sus dedos.

—Gracias —suspiré.

—Pero te aclaro que no esperaremos mucho —me besó la nariz.

—¿Ah no?

—No, en menos de tres semanas ya seremos marido y mujer.

—¿Qué? —lo miré con asombro.

—Así es futura “signora Di Gennaro” —sonrió robándome un beso ante mi desconcierto—. Ya casi está todo listo para que en ese tiempo se celebre nuestra boda civil y muy privada como la quieres y por eso será en la Toscana.

—¿En serio? —insistí tratando de asimilar la noticia.

—Sí y luego esa noche la pasaremos en la mejor suite del mejor hotel en Florencia teniendo la maravillosa vista de la ciudad, ¿te gustaría que fuéramos de luna de miel a Grecia?

Estaba en shock como cualquier humana, el signore ya tenía todo muy bien planeado y yo ni enterada, vaya sorpresa me había dado.

—¿Así que ya tiene todo planeado signore? ¿Y cuándo iba a darme la noticia? ¿Quiere que asista a mi propia boda usando una pijama? —sonreí.

—Sí tengo todo planeado, quería darte la sorpresa y… no, no usarás una pijama sino un diseño exclusivo que escogerás a nuestro regreso a la Toscana —contestó muy tranquilo—. Mi madre y mi abuela tienen su diseñador y una línea de ropa exclusiva, así que tú como futura esposa de uno de los herederos de la familia también podrás darte el lujo de escoger la ropa que quieras a tu gusto.

Me llevé una mano a la cabeza y volví a sonreír, eso sí era tenerlo todo bajo control pero antes de que pudiera seguir hablando en ese momento el grito de Arabella me congeló la sangre y por instinto sin siquiera pensarlo corrimos hacia la habitación. Él fue más rápido subiendo los escalones ya que la herida de mi estómago me dolía y no me dejaba correr lo suficiente, en mi cabeza repetía su nombre rogando que no le hubiese pasado nada.

De un solo golpe Giulio abrió la puerta de su habitación y la niña estaba sentada en su cama llorando.

—Arabella cariño ¿Qué pasó? —corrió a ella y la abrazó.

—Otra vez ese monstruo —lloraba aterrorizada—. Mamá Eloísa, ¡mamá Eloísa! —me llamaba desesperada.

—Mi niña aquí estoy —como pude salté a la cama sin pensar en las punzadas que sentía en el estómago y la abracé también—. ¿Qué fue lo que viste? ¿Seguro no fue una pesadilla? Te dije que no comieras mucho.

—No fue un sueño, me despertó —la niña temblaba—. Le dije que me dejara dormir y no me hizo caso.

—¿Qué apariencia tenía? —insistí temblando yo también.

—No lo vi bien pero era un hombre al principio, de voz suave pero luego me mostró unos enormes colmillos y fue cuando grité.

Salté de la cama furiosa y me acerqué a la ventana, la abrí y salí al balcón.

—¡No te acerques a mi hija maldito! —grité con todas mis fuerzas a la oscuridad—. ¡No te acerques a la niña Vlad porque juro que acabaré contigo así condene mi alma otra vez! ¡¿Me escuchaste?! ¡No te acerques a mi hija!

—Por Dios Eloísa, ¿qué haces? —Giulio me miró asustado sin soltar a Arabella.

—No me importa que los vecinos me crean loca —lloraba de rabia cerrando la ventana y corriendo las cortinas—. No permitiré que jueguen con mi familia.

—Pero mi amor ¿qué dices? ¿Por qué hiciste eso? ¿Quién es Vlad?

Me giré para contestarle pero ver a la niña temblando me hizo callar.

—No te preocupes Arabella, seguramente fue un mal sueño —me volví a la niña disimulando.

—No mamá, fue igual a como pasó en la casa de mi papá en Toscana, pero esta vez no estaba el perro y el monstruo no estaba afuera de la ventana sino aquí adentro, me despertó y ya no quiero dormir —volvió a llorar.

—Ya, ya cariño, esto no volverá a pasar —Giulio la abrazó y le limpió las lágrimas.

—Quiero irme al apartamento de mi mamá, allá dormí bien anoche.

—No cariño ya es muy tarde, se quedarán aquí, dormiremos aquí los tres juntos y no estarás sola, ¿te parece? —insistió él—. Yo dormiré de este lado, tu mamá del otro y tú en medio y así dormirás protegida, ¿te gusta la idea?

Asintió sin estar convencida e hicimos así, sollozando la niña cerró los ojitos quedándose quietecita en los brazos de Giulio y yo le agradecí a él la protección que le daba a la niña, la arropé otra vez y esperé que se durmiera. Arabella tenía presente lo que vio en Toscana, una cosa fue James y el peón de Damián pero este era el colmo y eso no lo iba a olvidar, llegará a ser una señorita y siempre recordará lo que ha vivido desde que la adopté, ¿podré decirle en el futuro lo que fui? ¿Me entenderá y perdonará? Tenía miedo de saber la respuesta y sólo el tiempo iba a dármela.

—Eloísa ¿Quién es Vlad? —insistió él.

Lo miré asustada, no quería que me preguntara, había cometido una terrible indiscreción y ya no podía remediarlo, debía enfrentarlo. Le señalé con mi mirada a Arabella y entendió que no quería hablarlo delante de ella pero insistió a su manera.

—Bien —suspiró besando la cabecita de la niña—. Te preguntaré y sólo asiente si estoy en lo correcto, ¿está bien?

Un juego a las adivinanzas no era para nada relajante pero lo complací.

—Es obvio que es de tu pasado, ¿verdad? —comenzó a preguntar.

Asentí.

—Muy, muy del pasado —confirmé para que entendiera que no se trata de sólo años sino de siglos.

—¿Y seguramente no es bueno?

—Cierto.

Volvió a suspirar intentando tapar los oídos de la niña con el pretexto de acariciarlos.

—¿Tiene algo que ver con lo que creí fantasías?

Entendí y asentí.

—Pero no es “el perro” —habló más bajito cuando lo mencionó— Quiero decir no es de esa raza.

Negué.

—¿Se trata de “los otros”? —abrió los ojos al preguntar.

Asentí otra vez, un escalofrío me recorrió la espalda. Tragó y exhaló, palideció un momento.

—Bien, ya lo tengo claro, me hablaste de él y por lo que veo…

—No es “el príncipe” —enfaticé sujetando su mano, me miró.

—¿Hungría? —preguntó como si se le hubiera encendido una chispa.

Asentí, no podía ocultar mi tristeza y él su miedo, entendió cómo yo me sentía y acariciando mi cara me atrajo más a él, nos abrazamos los tres como si la luz del amor fuese suficiente para acabar con la oscuridad y la maldad. No dije nada más y evité llorar delante de él.

Esperé que se durmiera.

Comencé a atormentarme con la idea, yo no podía olvidarme de lo que fui, tenía un pasado que jamás iba a olvidar, un pasado que se empecinaba en recordarme que no escaparía de él y un pasado que ahora enviaba sin piedad las pruebas de lo que fui no sólo atormentándome a mí sino amenazando a la que ahora sería mi familia. No pude decirle nada a él, por temor a que el subconsciente de la niña captara todo no hablé delante de ella y porque todavía tenía latente la amenaza de mi sueño, lo único cierto era que estaba asustada y no sabía qué hacer, me sentía tan impotente como un ser humano normal y solamente hice lo que cualquiera haría ante el miedo y la impotencia, le rogué a Ángel en silencio que intercediera por mí, por la niña, por Giulio y por toda la familia Di Gennaro. Giré mi cara y miré a Giulio dormido profundamente abrazado a Arabella, ambos se miraban tiernos, me encantó ver esa escena, él se había ganado mi corazón y por eso más temor sentía, me sequé una lágrima y cerré los ojos con fuerza, rogué a Dios por la vida de ellos, era lo único que podía hacer si merecía ser escuchada.

Amaneció como otro día normal y desayunamos con cereal, la niña y yo debíamos ir a mi apartamento porque estábamos con la misma ropa del día anterior y necesitábamos bañarnos y cambiarnos para poder regresar y recibir a los señores que volverían por la tarde. Nos fuimos junto con él que nos pasó llevando camino a la empresa, él se quedaría en su trabajo mientras Francesco nos llevaría al apartamento, me dio las llaves de la residencia e insistía en que me mudara con él esos días porque no tendría paz debido a lo que sucedió pero el caso es que la residencia no estaba lo suficientemente amueblada como para la comodidad de un niño y yo pensaba en Arabella. La niña no había olvidado lo sucedido y el dilema era que ella ya no quería dormir allá, pero el mismo Giulio se encargó de persuadirla antes de bajarse en la empresa.

—¿Quieres ir de compras con tu mamá cariño? —le preguntó, la niña asintió y yo supe el rumbo que llevaba.

—Giulio… —lo miré y él sonrió.

—Tranquila —insistió y sacando una tarjeta luego se volvió a Arabella mostrándosela—. Quiero que vayas de compras con tu mamá y escojas todo lo que quieras para la decoración de tu propia habitación en la casa, ¿te parece?

—¿Todo lo que quiera? —preguntó.

—Todo —le besó la frente—. Decórala con los juguetes que quieras y también escoge un juego de columpios, toboganes y esas cosas para el jardín.

—¿Puedo tener una casa de muñecas?

—Compra la casa de muñecas que quieras cariño —sonrió—. Escoge una tan grande que tú misma puedas entrar en ella.

Arabella sonrió feliz, la camioneta se estacionó en el subterráneo.

—Nos veremos a las dos de la tarde en la villa —me dijo preparando su portafolios—. A esa hora llegará mi gente y almorzaremos todos juntos en la casa.

—Chantajista —susurré cuando me besaba despidiéndose y dándome la tarjeta.

—No fue un chantaje sino un acuerdo diplomático, una negociación —contradijo muy sonriente sabiendo que había convencido a la niña—. ¿Puedes encargarte de comprar la comida?

—Claro y de paso también alguna vajilla decente.

—Y algo para surtir la despensa si no te molesta.

Y de pronto ya era un ama de casa, suspiré.

—Claro.

Volvió a besarme y besando a la niña bajó.

Hice todo lo que me pidió, después de bañarnos y de cambiarnos con ropa limpia y cómoda preparé algo de equipaje para ambas y luego salimos a hacer las compras. Arabella estaba feliz y emocionada, escogió su camita, los muebles con cajones que la acompañaban, las lámparas, las alfombras, yo escogí un sofá y las cortinas para el mismo y ella feliz también los juguetes que quiso para terminar de decorarla y también los dichosos columpios y juegos de patio. Luego escogí tres juegos de vajillas y de tazas de porcelana, vasos, copas y jarras de cristal y algo más de electrodomésticos como la tostadora y la licuadora y también algunos manteles finos e individuales para la mesa, me atreví a comprar un juego de muebles especial para el jardín y cosas menores para las habitaciones y los baños. Cuando terminamos y pagué todo sería llevado a la dirección que les di así que tenía contado el tiempo para ir a un supermercado y hacer las compras de la alacena que me había pedido, después de eso pasamos por un restaurante comprando lo que sería el almuerzo de los señores y al terminar regresamos a la villa. Definitivamente era humana, el sólo ese trajín de la mañana me tenía cansada y el pensar que iba a llegar un camión con toda la carga de la tienda y que debía estar pendiente e indicarles donde poner cada cosa me estaba agotando más. Me di la bienvenida a mi nueva vida, a una vida en la que ya no podía chasquear los dedos y tener todo listo como antes, así que debía armarme de la paciencia que ya no recordaba haber tenido.

Almorzamos todos en familia mientras Christina y Giulietta no se cansaban de alabar tanto la casa que habían escogido en Segovia como la decoración que yo había hecho en la villa de su hijo y nieto, al menos estaba más habitable que hacía dos días —y que había intentado ordenar antes de que llegaran— gracias a las compras que había hecho y agradecían que me preocupara por él y estuviera lo más acogedor posible. Por la noche salimos todos a cenar para despedir a los señores que temprano regresaban a la Toscana y por respeto a ellos yo decidí quedarme con la niña en mi apartamento cosa que a él poca gracia le hizo. Esa noche me despedí de ellos porque pasarían muchos días antes de que nosotros volviéramos a la Toscana, ya que Giulio tenía mucho trabajo en España y yo debía viajar a Inglaterra y aunque a Giulietta le estaba picando el gusto por acompañarme su marido la persuadió para que mejor lo hicieran los dos juntos después y con más tiempo. Volví a encomendarle el cuadro y me tranquilizó diciéndome que se convertiría en parte de su vida, con eso me decía todo.